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Shibari o cómo rendir homenaje al erotismo según esta antigua práctica japonesa de tortura

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/19/2018

"La visión del cuerpo encordado como una singular obra de arte que dejas que los demás compartan y aprecien. Las sensaciones son muchas, la inmovilización, sentir la respiración del otro, la ingravidez, la presión, el roce..."

El erotismo, creado desde las fantasías y la libido, posee una amplia diversidad en sus expresiones y experiencias. A veces basta el recuerdo de ese cuerpo del deseo; en otras, la estimulación vibratoria en zonas específicas del cuerpo o el role playing de alguna escena excitante; y en unas cuantas más, sentir el intercambio de poder entre dominador y sumiso, como es el caso del BDSM o Shibari.

Este último recurso erótico, originado durante el Japón del siglo XV y XVI de la técnica de tortura de prisioneros diseñada e impuesta por los samuráis, Hojojutsu, consiste en realizar patrones con cuerdas de yute en cuerpos que pueden estar en el suelo o suspendidos en el aire. Actualmente, a diferencia de sus orígenes, se busca no sólo elevar la estética erótica, sino también producir un efecto diverso de emociones que pueden materializarse a través de la cuerda.

Es decir, para los dos personajes que se envuelven en el Shibari, esta práctica se siente y representa como “un abrazo fuerte”, en donde uno de ellos es atado sobre puntos sensibles y zonas serógenas –y el roce puede llegar a ser suave o áspero, según el tipo de cuerda–, para entrar en la sensación de vulnerabilidad y confianza obligatoria en la pareja mientras que esta última puede manejar a la otra persona, empujarla, acariciarla con las cuerdas, observarla, hacerla suya.

La base de esta práctica, en muchas ocasiones ocupada como performance artístico, es crear un patrón que contrasta y complementa las curvas naturales del cuerpo. Es decir, crear “una juxtaposición: una piel desnuda contra una cuerda ruda, fortaleza contra vulnerabilidad, un sentido de calma contra el riesgo al borde del precipicio”. Así como establecer una comunicación plena entre la persona atada –sumiso– y aquella que ata –maestro–, generando un efecto psicológico de adrenalina, relajación y confianza. Hay incluso quienes comparan esta práctica con la danza en pareja, en donde se requiere una completa comunicación y confianza entre ambos para permitir marcar las distintas zonas del cuerpo, la contorsión ligada a la tensión o relajación del otro, la expresión de los rostros y la explosión de la emoción y la belleza.

En palabras de Antonio Shibarita, un atador en el café de Lavapiés en Madrid, España, el Shibari permite una…

Visión del cuerpo encordado como una singular obra de arte que dejas que los demás compartan y aprecien. Las sensaciones son muchas, la inmovilización, sentir la respiración del otro, la ingravidez, la presión, el roce o la ligera abrasión de la cuerda al deslizarse por la piel hacen que luego la caricia sea más placentera. […] En esa privacidad es posible que se pueda llegar al orgasmo. Las cuerdas fluyen por las zonas erógenas, orejas, pezones, entrepierna, moviendo energías y emociones. Pero hay puntos eróticos que la gente ni se imagina, como la cuerda en la boca o por la espalda.

A diferencia de otras prácticas eróticas, el Shibari busca la conexión entre los dos individuos. Existen practicantes, como Miriam Muñoz, modelo, que explican: “Un buen atador no te quita la vista de encima, está pendiendo de ti, de tu postura, de tu comodidad, de tus sensaciones en la piel, de apretar o no. Eres el centro de esa persona y no hay nada más. Se produce una gran conexión entre atador y modelo”. Por lo tanto, a través del consentimiento, la atención y un acuerdo previamente establecido, esta antigua práctica japonesa puede ser realmente una herramienta de empoderamiento individual.

 

Por qué, más que de encontrarte a ti mismo, se trata de abandonar quién crees que eres

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/19/2018

El camino del abandono y el deseapego de toda identidad se opone a la noción de una espiritualidad rebajada de la búsqueda del ser auténtico. Y es que el ser auténtico en cierta forma es el no-ser, la muerte de aquello con lo que nos identificamos

El new age y el marketing tienen en común la idea de que el ser humano debe encontrar su auténtico ser y para ello debe emprender un viaje de autodescubrimiento. Este viaje de autodescubrimiento consta de afirmar la propia individualidad y lograr expresar todo lo que somos, para lo cual se sirve lo mismo de talleres de autosuperación como de experiencias visionarias y de la adquisición de productos que nos permiten expresar quiénes somos. Es, podemos decir, una "espiritualidad" que se da en términos positivos. Una espiritualidad positiva, por cierto, es mejor para el consumo y para el ego. 

Contrario a esto, está la vía negativa o apofática de la espiritualidad, ligada a la religión mística, a caminos que buscan eliminar antes que obtener: caminos en los cuales fundamentalmente se busca eliminar el yo y negar la importancia personal para ponerse en servicio de la divinidad o de aquello que está más allá de los conceptos. En Oriente existen muchas versiones de esta vía negativa, entre ellas algunas versiones del bhakti o camino devocional, el vedanta o aquellas corrientes budistas basadas en la vacuidad (shunyata). Particularmente en el hinduismo -pero también, bajo sus propios términos, en el zen- esto se presenta bajo la noción de neti neti (ni esto ni lo otro), un camino de conocimiento a través de la negación del individuo o la desidentificación con cualquier contenido de la conciencia. En Occidente tenemos algunos ejemplos, aunque son más raros. Quizás el más sobresaliente es el de Meister Eckhart, quien enseñó el desapego como camino fundamental a la divinidad.

En una reciente traducción al inglés de su obra se escribe:

Sobre todo, Eckhart sabía que estamos más vivos en la contradicción central de que nuestra labor no es "encontrarnos a nosotros mismos", como solemos ponerlo en esta época, sino "perdernos" a nosotros mismos, con lo que quiere decir abandonar el yo que creemos que somos y abrirnos a aquello que yace más allá de los confines angostos de nuestro conocimiento. 

"Examínate a ti mismo, y donde sea que te encuentres a ti mismo, abandónate a ti mismo. Esta es la mejor vía de todas", escribió Eckhart. Lo había dicho San Pablo: quien quiere nacer a la vida del espíritu, debe antes morir: lo que debe morir es la idea o el identificamos con la noción de que somos alguien, un cuerpo, que estamos separados. Y también; "Debes saber que no hay nadie en esta vida que se haya dejado tanto a sí mismo que no encontrara que podía dejar ir incluso más". Podemos creer que nos hemos desapegado de nuestras posesiones materiales, e incluso de los vanos sueños ajenos de éxito y demás, pero si sigue existiendo apego a la noción de quiénes somos, seguimos estando lejos de esta nada radiante que es Dios, según Eckhart y según algunos de los filósofos orientales. La más profunda transformación espiritual consiste, más que en agarrarnos de algo, en soltarlo todo. Siempre y cuando nos identifiquemos con algo no podremos ser libres, no podremos ser todo.