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Tenemos más acceso a información, pero nos estamos volviendo más distraídos, lo cual anula completamente sus beneficios

Tim Wu es profesor de leyes de la Universidad de Columbia, pero su especialidad son las telecomunicaciones. Wu acuñó el término “net neutrality” y se ha convertido en uno de los más lúcidos analistas de los efectos que tiene la tecnología en nuestra sociedad.

En su reciente libro The Attention Merchants, Wu traza la historia de la industria de la atención, es decir, de las empresas y negocios que se dedican a captar la atención humana para vender anuncios o, más recientemente, para extraer datos. Esto tiene sus orígenes por lo menos en la década de 1830 en las publicaciones sensacionalistas de ciertos diarios y alcanza su maduración, por supuesto, en Internet y la economía de la atención.

Wu se basa en la observación del Premio Nobel de Economía, Herbert Simon:

En un mundo rico en información, la riqueza de información significa carencia de otras cosas: una escasez de aquello que esa información consume. Lo que la información consume es un tanto obvio: consume la atención de sus receptores. De aquí que la información crea una pobreza de atención que necesita ubicar esa atención eficientemente entre la sobreabundancia de fuentes de información que pueden consumirla.

Esto recuerda lo que ha dicho Alan Wallace, maestro de meditación budista, de que un diagnóstico general de la sociedad moderna muestra que todos tenemos déficit de atención, esta es la consecuencia de la hiperestimulación a la que estamos sujetos. Nunca antes había habido tantos estímulos.

Merece reflexionarse —y quizás no sin preocupación— en torno a esta idea de que existe una relación bidireccional entre la información (especialmente cuando es presentada en estímulos agresivos) y la atención, siendo ambos recursos finitos. La información demanda nuestra atención y cuando somos cautos y no se la damos, desarrolla técnicas sutiles y burdas para pescarnos. Hasta hace poco se creía popularmente que más información siempre era equivalente a un beneficio —hoy cada vez es más claro que la información debe saberse filtrar y desechar para liberar espacio—. Para poder movernos con dominio en esta pecera digital debemos aprende a cultivar y controlar nuestra atención, lo cual significa, en parte, renunciar al exceso de información.

Estos son los 3 tipos de motivaciones incorrectas dentro de una práctica espiritual

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/08/2018

Todos empezamos una práctica espiritual por los motivos equivocados, y parte importante de la práctica es encontrar el motivo correcto y eficiente

Parte crucial de un trabajo espiritual es descubrir el motivo por el cual nos inclinamos a practicar. En la tradición tántrica shaiva se habla de una motivación eficiente, motivación pura o motivación alineada, a diferencia de la motivación ineficiente. Christopher Wallis, traductor de textos del sánscrito (incluyendo la importante obra The Recognition Sutras, del maestro tántrico del siglo XI, Ksemaraja), señala que en realidad todas las personas empiezan con un motivo impuro o ineficiente y que parte fundamental de la práctica es corregir esto, ya que de otra forma no se puede progresar. Existen tres motivos ineficientes que son comunes en los diferentes caminos espirituales:

 

1. La creencia de que algo está mal en cómo uno es y que la espiritualidad puede solucionar esto

Muchos se acercan a la espiritualidad o a la religión con esta noción de arreglar algo que está mal con ellos. Es la idea de la caída o la expulsión del paraíso.

Este motivo es inefectivo, según el yoga o el tantra, porque no está alineado con la realidad -que es en sí misma buena, perfecta, dichosa- y, por lo tanto, una práctica no puede funcionar bien. Wallis pone el ejemplo de que cuando una persona hace una dieta partiendo de la noción de odiar su propio cuerpo, ello nunca acaba bien. Suelen perder el peso, pero luego lo vuelven a ganar. Una dieta funciona cuando alguien lo hace por amor propio. Esto pasa en el yoga y en el tantra. 

Por el contrario, el yoga, el tantra, el budismo mahayana, vajrayana y demás prácticas enseñan que hay algo sumamente bueno en la naturaleza de una persona y sólo se trata de descubrirlo o eliminar todo lo que lo bloquea. En estas tradiciones se dice que el paraíso o el estado divino es una cuestión de percepción, de depuración de la mente, de entrar en consonancia con la realidad.

El motivo inefectivo o impuro, sin embargo, nos sirve para eventualmente alcanzar el motivo correcto.

 

2. La práctica espiritual que se hace para sentirse bien

Es lógico que busquemos practicar para sentirnos bien, este es el motivo más común. No obstante, esta motivación debe refinarse, porque cuando practicamos para sentirnos bien solemos hacerlo también para no sentirnos mal. Wallis señala que esto es problemático porque entonces evitaremos las partes de la práctica que son difíciles o dolorosas, buscaremos atajos. Asimismo, las personas pueden aferrarse a las sensaciones de dicha y éxtasis y, en consecuencia, no avanzar. En vez de esta motivación, se puede enfocarse en el deseo de saber la verdad.

 

3. Para obtener poderes

Este es la motivación de practicar para obtener poderes mágicos o psíquicos o para magnetizar a las demás personas u obtener poder mundano. Esto es algo de lo que se advierte mucho en la India, ya que existen muchos yoguis que se perdieron, deslumbrados por los siddhis o logros meditativos, y dejaron de buscar la verdad. Wallis dice que esto es lo que se muestra en la película The Secret, donde se busca el poder de manifestar todo lo que uno quiere, lo cual es un valor egoísta. Un valor espiritual es más bien decir: "Vida, ¿qué quieres hacer a través de mí que sea para el mayor beneficio de todos los seres?".