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Estas son las características que comparten las mujeres psicópatas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/02/2018

El DSM-V –en inglés, 'Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders'– explica que existen diferencias conductuales de psicopatía entre hombres y mujeres –las cuales permiten que estas últimas puedan camuflarse en el radar de la sociedad–

Alex DeLarge, Patrick Bateman, Sherlock Holmes, son personajes famosos y ficticios reconocidos por sus latentes rasgos de psicopatía, mientras que Annie Wilkes, de Misery (1990), o Alex Forrest, de Fatal Attraction (1987), son mujeres con la tenebrosa etiqueta de femmes fatales. Sin embargo, de acuerdo con diversas investigaciones de teorías de la personalidad, las mujeres también poseen rasgos psicópatas –aunque, eso sí, en menor incidencia poblacional que los hombres–.

El DSM-V –en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders– explica que si bien existen diferencias conductuales de psicopatía entre hombres y mujeres –las cuales permiten que estas últimas puedan camuflarse en el radar de la sociedad–, ambos sexos pueden llegar a ser igual de peligrosos y tóxicos a nivel personal y social. Entre sus principales rasgos o síntomas se encuentran:

– la ausencia de empatía, culpa o remordimiento por sus acciones negativas,

– la incidencia de manipulación y fraudes/engaños,

– irresponsabilidad y desinterés tanto por las convenciones sociales como por las leyes,

– son socialmente encantadores, pues saben actuar –mas no sentir– las emociones humanas, tales como amor, miedo, remordimiento, etc.,

– impulsividad

– adicción a la adrenalina.

 

En términos de datos estadísticos, las mujeres con rasgos de psicopatía son entre el 11 y el 17% de la población global de las prisiones –mientras que los hombres constituyen entre un 25 y 30%–. Esto podría justificarse asumiendo que las conductas de las mujeres suelen ser verbalmente más agresivas y, por lo tanto, se considera que cometen menos crímenes violentos que sus coetáneos hombres. De hecho, en los casos de mujeres que han sido diagnosticadas con trastorno de personalidad antisocial con rasgos psicópatas en la vida real, los síntomas se van evidenciando desde los años de la infancia y adolescencia. Los especialistas en psicología y psiquiatría aseguran que las mujeres psicópatas son:

– narcisistas –como jactarse en exceso de uno mismo– y dominantes,

– carecen de empatía, remordimiento y responsabilidad frente a las propias acciones,

– violentas tanto física como verbalmente,

– impulsivas, celosas y con actitudes parasitarias –vivir a expensas de otros–,

– hacen uso de encantos físicos o sexuales a cambio de favores o control sobre otros,

– manipuladoras…

 

Aunque existe muy poca información y bibliografía al respecto, pues como se mencionó anteriormente hay una baja incidencia de psicopatía en mujeres –o al menos, que se haya investigado–, se sabe que las mujeres psicópatas pueden llegar a cometer crímenes de múltiples categorías (robos, narcóticos, asaltos), así como relacionarse exclusivamente para poseer el dominio sobre otros y sacar beneficios al respecto.

En conclusión, las mujeres psicópatas, manipuladoras y sin empatía humana, pueden llegar a causar mucho daño no sólo a nivel emocional sino también a nivel social. Para ellas (y también para ellos) se trata de un estilo de vida que no puede ser vivida de ninguna otra manera y, en consecuencia, los vínculos pueden llegar a ser enfermizos y superficiales. Es decir, no saben ser de otra manera –un rasgo importante para distinguir a este de otros trastornos e incluso rasgos de personalidad–. ¿Conoces a mujeres así?

 

Medita en esto este día en el que el Sol muere y renace y consigo toda la naturaleza.

El solsticio de invierno es una fecha sumamente especial para aquellas personas que consideran que vivimos en una relación de interdependencia con la naturaleza y que, como si fuere, vivimos interpenetrados por el cosmos. Para la mayoría de las antiguas tradiciones el hombre y la naturaleza terrestre eran un microcosmos que reflejaba los principios del macrocosmos o del cielo, así la vida humana dependía y encontraba sentido en su relación con el universo y la deidad. Esta relación se hacía patente particularmente con los equinoccios y los solsticios, fechas que, además de marcar el cambio de estación y con esto un nuevo aspecto de energía arquetípica o procesal, eran utilizadas como hitos o marcadores dentro del calendario religioso. Eran de alguna manera los cumpleaños y santorales de los dioses y las potencias de la naturaleza.

Este 21 de diciembre del 2017 se celebra el solsticio de invierno en el hemisferio norte. Esta fecha era especialmente celebrada como la muerte y el renacimiento del sol (el Sol Invictus). El inicio del invierno y la caída de la fuerza vital tienen en su anverso ya, el renacimiento del Sol, ya que si bien hoy es el día más oscuro del año en lo siguientes días el día empezará a ganar luz, para llevar a la naturaleza a la fruición. 

En un sentido esotérico el solsticio tiene que ver con el logro místico de la inmortalidad.  El neoplatónico Porfirio escribe en su Cueva de las Ninfas:

Algunos de estos teólogos consideran a Cáncer y a Capricornio como dos puertos; Platón los llama las dos puertas. De ellas, afirman que Cáncer es la puerta a través de la cual las almas descienden, y Capricornio aquella a través de la cual ascienden, y cambian una condición material por una condición divina del ser. Cáncer, de hecho, está al norte y adaptado al descenso: pero Capricornio, está al sur, y acomodado para el ascenso. Y así es, las puertas de la cueva que mira hacia el norte tienen gran portento, el cual se dice que es previo al descenso del hombre: pero las puertas del sur no son las avenidas de los dioses, sino de las almas ascendiendo a los dioses. Bajo esta consigna, el poeta [Homero] no dice que sean el pasaje de los dioses, sino de los inmortales; dicha apelación es común a nuestras almas, ya sea en toda su esencia, o en particular en una porción excelsa, son denominadas inmortales. 

[..] Los romanos celebran su Saturnalia cuando el Sol está en Capricornio, y en esta festividad, los sirvientes usan los zapatos de aquellos que están libres, y todas las cosas son distribuidas comunalmente entre ellos; el legislador sugiriendo con esta ceremonia, que aquellos que son sirvientes en el presente, serán más tarde liberados por el festejo de la Saturnalia, y por la casa atribuida a Saturno, i.e. Capricornio; cuando revivan en el signo, y se hayan despojado de las vestimentas materiales de la generación, regresarán a su felicidad prístina, a la fuente de la vida. 

El filósofo canadiense Manly P. Halla habla sobre el simbolismo espiritual de la luz:

La adoración de la naturaleza es la adoración de las realidades de las cosas con una humilde resolución de aprender las lecciones de la luz y la vida, de que, con el tiempo, nos convirtamos en honrados sirvientes de esta Casa de la Refulgencia. Todas las religiones han tenido dioses de la luz y estos dioses de la luz son dioses del amor. Son deidades que protegen, preservan, elevan y redimen toda forma de vida en la naturaleza. 

Y dentro de esta luz tenemos todas las leyes de la vida, y las leyes de la vida son los mandamientos, los métodos, los principio a través de los cuales la vida logra la perfección

El Sol es vida, y esta vida es la propiedad común en todas las cosas, el poder del cual dependemos. Desde el más pequeño átomo hasta la más grande estrella, la luz es un símbolo de la presencia de la vida. Esta vida es una promesa, algo que debemos de comprender, esta luz no es algo que se encendió súbitamente de la nada, en un antiguo eón, esta luz es eterna. Por ello la vida es eterna, la inmortalidad es una certidumbre, el crecimiento es inevitable. Porque todas las cosas buenas, todas las revelaciones, están basadas en la inevitable  e inmediata y eterna presencia de la vida. La vida es por ello algo muy sagrado y al observar su descenso a través de los diferentes ordenes de creación, vemos que la vida se difunde en el ser humano. Hay vida en nosotros y esta vida en nosotros ha hecho su tabernáculo en la carne.

El solsticio de invierno es entonces está oportunidad de sintonizar o resonar con este proceso de la naturaleza de muerte-renacimiento (la muerte en la naturaleza es siempre transformación). Muerte que es necesaria para crecer y liberarse de viejas ataduras; y para morir es necesario entregarse, soltar y vaciarse. Dejar de aferrarse a la identidad y abrazar el proceso en sí de la vida, la cual no nos pertenece, sino que somos apenas una expresión particular dentro de su infinita unidad. Como escribió Emerson: "no somos nada, pero esa luz es todo".