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12 trastornos mentales inspirados en personajes literarios

Salud

Por: pijamasurf - 01/22/2018

Literatura antes del diagnóstico: una singular lista de síndromes que tomaron su nombre de personajes ficticios

La literatura suele condensar verdades que a veces no pueden expresarse de otra manera. A veces es más fácil entender cierto aspecto del ser humano, de la mente, de los impulsos de nuestra voluntad y aun de los enigmas de nuestra historia con una obra literaria que con una explicación científica o académica. Quizá por eso ha sido tan influyente en la historia del pensamiento.

A continuación compartimos 12 síndromes o trastornos catalogados por la psiquiatría que comparten la curiosa característica de haber tomado su nombre de algún personaje literario, como si hubiera sido la obra literaria la que anticipara al diagnóstico.

¿Pero esto es casual? Después de todo, por mucho tiempo la literatura fue sobre todo una exploración de eso que nos hace humanos y que, en muchas ocasiones, sigue también los caminos de la oscuridad y la incomprensión.

 

Síndrome de Otelo

Durante algún tiempo, los celos patológicos se identificaron con el nombre de uno de los personajes más emblemáticos en las obras de Shakespeare: Otelo, “el moro de Venecia”, que el Bardo tomó a su vez de una historia de Cinthio (Giovanni Battista Giraldi), escritor italiano del Renacimiento que aprendió el oficio de Boccaccio. En la tragedia de Shakespeare, los celos incontrolables de Otelo determinan su infortunio, tal y como a veces, toda proporción guardada, hay personas que no pueden dejar de sentir celos y ello les impide sostener una relación de pareja, incitarla o vivirla con bienestar.

 

Síndrome de Dorian Gray

La única novela que escribió Oscar Wilde no sólo fue utilizada en su contra como evidencia en el proceso judicial que enfrentó por causa de su homosexualidad; también dio lugar a una denominación usada algún tiempo en la psiquiatría para señalar la obsesión patológica que una persona puede desarrollar por su propia imagen física y la idea de ser siempre atractivo para los demás, lo cual puede conducir a conductas perniciosas como los trastornos de alimentación, el abuso de ciertas sustancias químicas (pastillas para adelgazar o contra la impotencia sexual, por ejemplo) e incluso el sometimiento innecesario a cirugías plásticas.

 

Complejo de Cenicienta

Si bien la historia de Cenicienta se popularizó gracias a la adaptación que realizó Walt Disney en 1950, sus orígenes son remotos y pueden encontrarse en diversas tradiciones folclóricas, lo mismo en el antiguo Egipto que en Grecia, Asia y el folclor europeo medieval. Lo cual, por otro lado, no es casual, pues sus líneas generales parecen estar inscritas en el inconsciente colectivo de la humanidad: una mujer que triunfa sobre la adversidad y termina recompensada por los bienes más preciados en esta vida: el amor, la riqueza e incluso el poder político.

En 1981, sin embargo, una psicoterapeuta estadounidense, Colette Dowling, usó al personaje para acuñar la idea del “complejo de Cenicienta” y hablar de las mujeres que inconscientemente tienen miedo de saberse independientes y, en consecuencia, sabotean su trayectoria personal o laboral y desarrollan una especie de espera psicológica por el “príncipe” que resolverá todos sus problemas.

 

Síndrome de la Bella Durmiente

Otro personaje emblemático de los llamados “cuentos de hadas”. Su apelativo se usó durante un tiempo para un trastorno que con mayor propiedad se conoce como Síndrome de Kleine-Levin, el cual se caracteriza por episodios de sueño excesivo que en ocasiones pueden durar semanas completas. No se trata, sin embargo, de un sueño normal, sino más bien de un estado extraordinario de las funciones cerebrales, pues con cierta frecuencia las personas que padecen este síndrome pueden comer, realizar sus necesidades fisiológicas en un sanitario y a veces algunas otras actividades menores como si estuvieran despiertos –salvo que, en términos neurológicos, duermen–.

 

Complejo de Edipo

Acaso el concepto psicológico más conocido en donde puede identificarse una inspiración literaria. Sigmund Freud tomó la historia de Edipo para hablar de la atracción incestuosa que caracteriza a las primeras etapas de la sexualidad infantil. En este texto abundamos al respecto.

Harold Bloom, por cierto, en varios lugares de su obra pero especialmente en el ensayo que dedica a Hamlet en Shakespeare, La invención de lo humano, asegura que Freud tomó todas estas ideas de dicha tragedia, e incluso cita algunos documentos y observa que el médico vienés estuvo a punto de denominar “complejo de Hamlet” al concepto que después identificó con Edipo. Acaso, de haber sido así, ¿el impacto de las ideas de Freud hubiera sido menor?

 

Complejo de Superman

Hace algunos años, el psicólogo Max Carey escribió un libro en donde se sirvió del que quizá sea el superhéroe más conocido en la historia de los cómics para hablar de las personas que tienen cierta obsesión por resolverlo todo que, a su vez, es indisociable de cierto protagonismo también insistente.

 

Síndrome de Peter Pan

A grandes rasgos, la mayoría conocemos la historia de Peter Pan, “el niño que no quería crecer”. Como esta misma descripción ya lo anuncia, la idea general de este patrón de comportamiento apunta a personas que se resisten a dejar la infancia y reconocerse en la edad adulta. Se ha dicho que rasgos como el abuso de alcohol o de drogas, la incapacidad de plantearse objetivos concretos y asequibles o la dificultad para asumir responsabilidades son propios de este síndrome.

 

Síndrome de Münchausen

Uno de los personajes más excéntricos de la literatura, el Barón de Münchausen sirvió también para darle nombre a una patología en la que una persona se finge enferma para recibir atención. En su época, las aventuras increíbles del Barón de Münchausen –montar una bala de cañón, luchar contra un cocodrilo, viajar a la Luna– fueron leídas sobre todo como los relatos de un gran mentiroso, y como tal pasó a la historia y después, como vemos, a la psiquiatría. Terry Gilliam, por cierto, filmó una película alusiva al personaje.

 

Síndrome de Alicia en el país de las maravillas

Aunque el emblemático relato de Lewis Carroll podría, por sí mismo, llenar varias páginas de un manual de trastornos psiquiátricos, la disciplina tomó su título para un solo síndrome y, de hecho, no tan extraordinario como podríamos esperar. El llamado Síndrome de Alicia en el país de las maravillas se refiere a un problema con la percepción en la que ciertos objetos se miran o aterradoramente enormes o ridículamente pequeños (como los frascos de “Cómeme” y “Bébeme” del cuento).

 

Síndrome de Ofelia

La eterna enamorada de Hamlet, sufriente y no correspondida por el príncipe, absorto como estaba en sus reflexiones, dio nombre a un trastorno cuyos síntomas el psiquiatra Ian Carr comenzó por ver en su propia hija: pérdida de precisión en la conversación, amnesia parcial, alucinaciones y depresión. Los estudios posteriores descubrieron que la causa de todo ello era la enfermedad de Hodgkin, una especie de cáncer que ataca los linfocitos, células fundamentales de nuestro sistema inmune.

 

Complejo de Lear

Otro síndrome que toma su nombre de una obra de Shakespeare: similar al complejo de Edipo salvo que, en este caso, la atracción se experimenta en sentido inverso y exclusivamente de un padre hacia su hija (como el rey Lear con Cordelia).

 

Síndrome de Rapunzel

Una singular y rarísima combinación de la compulsión a arrancarse el cabello y la compulsión a comérselo (a su vez dos trastornos plenamente documentados, la tricotilomanía y la tricofagia, respectivamente). Uno de los efectos más nocivos de este síndrome es que los jugos gástricos no son capaces de disolver completamente el cabello ingerido, derivando en un problema digestivo serio.

 

También en Pijama Surf: Científico sostiene que todas las enfermedades mentales tienen esta misma causa

¿Te gustaría saber cuándo vas a morir? Esta calculadora te podrá dar la respuesta

Salud

Por: pijamasurf - 01/22/2018

The Conversation, el nombre de la calculadora, pretende brindar información que beneficie no sólo a nivel individual sino también a nivel social

La ciencia ha propuesto numerosas hipótesis sobre la mortalidad y la vida después de Tanathos: desde cómo existe un equilibrio de sexos impuestos por la naturaleza -un mayor número de abortos en fetos del sexo femenino VS. una mayor tasa de mortalidad en personas de sexo masculino al realizar más actividades de riesgo-, hasta la influencia de un trauma psicológico/abuso de seis generaciones anteriores para impactar en la salud y mortalidad de un individuo. Sin embargo, ¿cuál es el verdadero impacto de que uno se entere del día en que morirá?

El impacto que produce saber la fecha de la propia muerte siempre resulta en dos reacciones: por un lado, una desesperada angustia y por otro,  una inevitable impulsividad para vivir en el aquí y el ahora. Un grupo de actuarios, entre ellos Jeyaraj Vadiveloo, director de Janet and Mark L. Goldenson Center para la Investigación Actuaria de la Universidad de Connecticut, desarrollaron una calculadora que no sólo señala la fecha aproximada de la muerte de un individuo según sus genes, también según su nivel de aceptación de la muerte -y por lo tanto, del conocimiento de su fecha-. Se trata de una calculadora de esperanza de vida cuyo fin es valorar cuántos años de vida saludable se pueden alcanzar -en vez de sólo dar una fecha de "expiración" resultando posiblemente en una oleada de angustia-, es decir, hacer una llamada de atención a aquellos que necesitan enfatizar las acciones de autocuidado. 

The Conversation, el nombre de la calculadora, pretende brindar información que beneficie no sólo a nivel individual sino también a nivel social. Después de todo, la misión de la calculadora es invertir en proyectos de salud que permitan tanto prevenir como enfrentar situaciones críticas. La idea es presentar dos métricas: la esperanza de vida saludable y la esperanza de vida insalubre o en enfermedad -sin posibilidad de recuperación y cuyo resultado es la muerte-. Ambas poseen factores que influyen en ellas tales como una dieta equilibrada y saludable, presencia de actividades físicas, una rutina adecuada de sueño, educación y nivel socioeconómico, consumo de alcohol y tabaco, sufrir de alguna enfermedad como diabetes y, sorprendentemente, la percepción de la salud de uno mismo así como de la proximidad de la muerte. 

A lo largo del proyecto, Vadiveloo y sus colegas encontraron que el último factor mencionado genera un gran cambio en la salud. En otras palabras, si es existe una percepción positiva de la propia salud, esta mejora considerablemente pero, por el contrario, si se tiene una percepción negativa, la salud empeora. No obstante, de acuerdo con los autores, aún queda por investigar a profundidad la influencia de la toma de la conciencia de la muerte. 

La realidad es que la experiencia humana ante la muerte es diversa, por lo que quizá saber la fecha aproximada de la salud, la enfermedad o la muerte requiera un poco de psicoeducación para lograr inundar de Eros cuando Tanathos se encuentre asomando en nuestras vidas. O al menos, una guía que permita estar en paz tanto en vida como en muerte.  

Dale click aquí para acceder a la calculadora.