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Una selección de la nueva y excitante música de Cuba en el festival Comunité

Arte

Por: pijamasurf - 12/20/2017

Ritmos que fusionan las tradiciones afrocubanas con nuevas corrientes musicales: Alpha 606, Mystic Bill, Daymé Arocena

Cuba es una isla relativamente pequeña en cantidad de población pero inmensa en calidad musical, fuente inagotable de talento variopinto. El ritmo, que se lleva en la sangre, en los últimos años se ha mezclado con algunas influencias más cosmopolitas, creando un delicioso daikiri musical en el que se mezclan ritmos tradicionales con música electrónica y nuevas corrientes.

El festival Comunité, dedicado a scoutear los sonidos más relevantes de la escena electrónica mundial y traerlos a México a su festival en Tulum, ha identificado en los sonidos que salen de Cuba "la reinvención de las formas tradicionales de música", con una veta fresca y excitante. Por esto ha decidido dedicarle un renglón especial a los sonidos nuevos de Cuba en su tercera edición del 5 al 6 de enero en Tulum. Entre artistas como Carl Craig, James Holden, Matías Aguayo, Murcof y otros, se presentarán la cantante de neosoul cubano Daymé Arocena, el productor electrónico Alpha 606 y el DJ Mystic Bill, quien es estadounidense pero que cuenta con raíces cubanas. 

Alpha 606 es el proyecto de música afrocubana electrónica de Armando Martínez, un productor quien es también percusionista y quien tiene una clara inclinación hacia la psicodelia y hacia la exploración espacial en el sonido. El nombre Alpha 606 es una referencia a la supercomputadora inteligente de la genial película de ciencia ficción de Jean Luc Godard, "Alphaville", precursora de cintas como "The Matrix". Luego tiene tracks que hacen referencia a tanques de flotación y a espacios interdimensionales.

 

Ritmos hipnóticos en el limbo, música por momentos ácida, por momentos contemplativa, que tiene una cierta elegancia y una cierta tensión minimalista, que llega a liberarse con sonidos más tropicales que le subyacen. Alpha 606 será ideal para llevar la nave espacial de la fiesta hacia un lúcido trance matutino. 

 

 

Daymé Arocena tiene una voz preciosa y prodigiosa, una voz como del amanecer que mueve pájaros y árboles. The Guardian la llamó la mejor cantante joven de la isla. Su música más reciente mezcla ritmos como el jazz, el pop y el dance con cantos tradicionales afrocubanos de santería y rumba.

Daymé estudió música clásica en la tradición occidental y dirige coros pero no abandona los ritmos locales y el folclor de su isla. Su álbum "Cubafonía" fue celebrado como uno de los mejores discos de música afrocubana de 2017.

 

 

Mystic Bill (Bill Torres), crecido en Miami, es actualmente uno de los DJs más influyentes de la escena del house Chicago, tierra legendaria para el house si las hay. Bill produce para el sello Trax Records y se mueve entre el acid y el house. Lo de Bill es una música perfecta para atacar el dancefloor largamente, con algo de funk también, diversión pura. 

 

Esta mujer crea hermosos diseños con las hojas de los árboles que caen en el otoño (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 12/20/2017

Aunque la vida puede ser en sí misma estética, a veces necesitamos pequeños recordatorios que nos ayuden a darnos cuenta de ello.

Cada otoño, desde hace al menos cuatro años, es posible ver a una mujer en el campus de la Universidad Estatal de Sacramento barriendo las hojas que se desprenden de los árboles ahí plantados. 

Se dirá que esta es una labor común y corriente, y en cierto modo lo es, pero en el caso de Joanna Hedrick, está acompañada de una intención entre estética y metafísica. 

Su barrido no es simple, sino dirigido: con las hojas elabora preciosos y, en algunos casos, intrincados diseños. Espirales, laberintos, modestos fractales, combinaciones geométricas… 

Bajo la inspiración de Andy Goldsworthy (artista británico conocido por el uso de elementos naturales en sus piezas), Hedrick realiza estas figuras a manera de regalo para los estudiantes que, en esta temporada, suelen encontrarse en exámenes y ya que ella trabaja como consejera en la Universidad, seguramente sabe de la tensión que éstos provocan en los jóvenes.

“Tomo algo que ya es hermoso y lo hago único, algo ante lo cual no puedes simplemente pasar y ya”, dice.

El ejercicio evoca, inevitablemente, los mandalas de arena que realizan los monjes del Tíbet, paciente y laboriosamente, a lo largo de muchos días y aun meses, para al final barrerlos y aprender así que todas las obras son frágiles y momentáneas, que el ego es menos que una brizna para la esencia del tiempo y que todo, al final, desaparece, a veces amablemente, como las hojas de esos árboles, dispersadas por el viento o consumidas poco a poco por la misma tierra de la que surgieron.

 

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