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¿Qué quiere decir que se acumulen las coincidencias? Científico cree que es señal de que vas por buen camino

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/17/2017

Científico considera que la acumulación de coincidencias revelan que estamos alineados con el programa cósmico de la realidad

A menudo, cuando vivimos una coincidencia que nos parece improbable, esto nos hace pensar en que existe un orden secreto en el mundo o nos brinda una sensación de que la vida tiene significado y nos otorga una conexión con el mundo. Para muchos científicos esto es solamente una proyección de la mente, una forma de resistirse al caos y a la entropía de la materia. Sin embargo, la explicación científica no es del todo convincente para muchas personas, ya que esta palidece en comparación al poder numinoso del hecho mismo que surge en la conciencia cuando se tiene una experiencia de lo que Jung llamó sincronicidad, especialmente cuando nos hace pensar que estamos alineados con un destino o con una fuerza universal que guía o que subyace a la realidad. Según el científico John Lilly, estas coincidencias son algo parecido a señales del programa informático que es el universo y que nos muestran que vamos por un sendero adecuado para alcanzar un misterioso objetivo cósmico. 

John Lilly fue un tipo sumamente peculiar. Con una destacada formación académica como físico, psiquiatra y neurocientífico, estudió con importantes científicos como Paul Dirac, entre otros. Pero su vida lo llevaría hacia fronteras desconocidas siendo pionero en comunicación animal, estudiando las relaciones entre delfines y hombres. Lilly inventó los tanques de aislamiento y experimentó estados de conciencia alterada utilizando LSD y ketamina en inmersiones de privación sensorial. Desarrolló una visión de la mente humana como una biocomputadora cósmica que podía y debía desprogramarse para acceder a estados de conciencia superior que llamó samadhis, tomando el término utilizado en el yoga clásico. Incluso sugirió que los delfines podían comunicarse telepáticamente con los seres humanos, algo que lo ha mantenido al margen de la ciencia establecida. En su libro Simulations of God escribió:

Jung trató de enunciar con Wolfgang Pauli la ley de la sincronicidad. La sincronicidad es el resultado de los efectos de la psique humana en los eventos. Esto puede traducirse de manera holgada a otro sistema que he derivado de la ciencia empírica, un sistema que llamo "Control de Coincidencia". El control de coincidencia es algo así: si vives bien, las coincidencias se acumularan para ti en formas benéficas inesperadas y sorprendentes. Si no vives bien, las anti-coincidencias se acumularan de formas inesperadas, nefastas y hasta desastrosas. El criterio sobre si estás viviendo bien es la observación empírica de las coincidencias. Si las coincidencias se acumulan, estás viviendo bien. Si no se acumulan, entonces no estás viviendo de manera correcta y debes de examinar la forma en la que estás viviendo. 

Lilly señala que el sistema depende de tener un método para interpretar los eventos que evite la proyección de los propios deseos. Jung había definido sincronicidad como una "coincidencia significativa" o un evento en el cual no hay una relación causal pero sí una relación de significado. Lilly sugiere que en una coincidencia se involucra "el campo total de una situación" y pone el ejemplo de una coincidencia que vivió:

Un amigo mío que vive en la playa en el Océano Pacífico soñó una noche que un delfín encallaba en la playa enfrente de su casa y los niños de su colonia lo empujaban de regreso al mar. Yo llegue a su casa en la mañana y me contó su sueño en el desayuno y, en menos de dos horas, un delfín encalló y él, su esposa y los niños lo regresaron al mar.

Lilly apunta que no es (o era) algo completamente inusual que un delfín se quede varado en las playas del sur de California y que tal vez algún científico escéptico diría que es sólo una coincidencia, pero él considera que esto fue una coincidencia que es parte del control cósmico de la realidad, algo así como una inteligencia cibernética que guía el universo. Para Lilly la vida en la tierra podía considerarse una especie de misión o programa que debía completarse y, una vez que se completaba, podía abandonarse este tipo de existencia limitada. Las coincidencias eran una forma de notar que se iba por el buen camino y que se estaba recibiendo vistos buenos de la Oficina Central del Control Cósmico. Aunque el universo o el programador cósmico en realidad no tiene preferencias. Según Lilly: "El Amor Cósmico es absolutamente implacable e indiferente: enseña sus lecciones sin importar si te gustan o disgustan".

El silencio es más que la mera calma o quietud, es aquella espaciosidad que disuelve los constructos y revela la naturaleza verdadera de la mente: libre, diáfana, radiante

En muchos lados se habla del silencio, de sus beneficios para la salud mental como su importancia para toda práctica espiritual o camino que busque la sabiduría, pero, ¿qué es realmente el silencio?

El silencio, por una parte, nos sirve para descansar de los estímulos -de la misma manera que el cielo o el espacio abierto nos hace descansar, refresca nuestra mirada y hace que la conciencia se amplifique y respire de alguna manera. El silencio, en su aspecto de quietud o estabilidad, es fundamental para poder conocer algo, ya que de otra forma la mente se mueve mucho, y el ruido de los pensamientos -o sus propias proyecciones- impiden observar un objeto puramente, tal como es. El silencio, como aquello que está más allá de los conceptos y del lenguaje discursivo, es el modo de conocer -una forma de conocer que es una forma de ser- que más asociamos con la gnosis o la intuición (noesis), con la función más alta del conocimiento, aquella con la que la mente va más allá de sí misma, de la dualidad sujeto-objeto y de la identificación con un yo separado del universo, o de la divinidad, o de la nada radiante que es todo. El silencio es la "casa sosegada" que permite el vuelo del alma hacia su amado en "la noche oscura" del poema de San Juan de la Cruz. 

Pero mejor que hable yo de este silencio, que uno empieza a desear con un cierta calma ardiente, es dejar que los que saben hablen. Meister Eckhart, es sin duda uno de los más grandes místicos cristianos. Su pensamiento teológico, a veces cercano a una vía negativa, ha sido incluso comparado con el del mismo Buda o de pensadores budistas tan influyentes como Nagarjuna. Eckhart escribió:

¿Qué es una mente silenciosa? Una mente silenciosa es una mente en no tiene ningún peso encima, ninguna preocupación; una mente que, libre de toda búsqueda egoísta, está completamente unida con Dios y muerta para sí misma. 

El silencio se vuelve como el espacio de la anulación o aniquilación del yo. Aniquilación del yo que es la divinidad misma.

David Chaim Smith uno de los pocos autores verdaderamente místicos en Occidente hoy en día, escribe en su libro The Awakening Ground:

La práctica contemplativa empieza con el amor al silencio. Silencio en este caso no se refiere a la mera ausencia de sonidos audibles, aunque este es uno de los aspectos que invitan a la mente a la gran expansión de su naturaleza esencial. El gran silencio es pleno, resonante y habla a través de todas las cosas. Puedes empezar llamándolo en tu interior, donde reside sin interrupción.

El amor al silencio es una especie de hambre o sed. Cala profundamente hondo. La urgencia de unirse a él es como el fuego que intensifica la aspiración gnóstica. 

 

Para David Chaim Smith el silencio es como un fuego profundo en el que se disuelve y purifica la mente y que permite que se manifieste la luminosidad primordial del espacio, luz que es la conciencia más allá de la muerte o el nacimiento, eterna llama cognitiva, vela inmóvil. Smith agrega que en el silencio el “contacto directo con el misterio siempre es posible, en tanto que el silencio del espacio básico [la base de todo, En Sof, Brahman, etc.] llama a través de su miríada de apariciones”. El silencio aquí no significa tampoco la ausencia de fenómenos, de apariciones. Se trata de una creatividad luminosa inmaterial en la que no existe tal cosa como solidez, separación o identidad,  en la que se “reside más allá del muro colocado entre los pensamientos internos y las sensaciones y las percepciones externas”. En el silencio se esclarece el estado indiferenciado, la falsa diferencia entre interior y exterior, la inseparabilidad de la luminosidad y el espacio.

 El hermetista cristiano Valentin Tomberg escribe en sus Meditaciones sobre los arcanos del tarot:

La concentración sin esfuerzo –es decir, ese lugar en el que no hay nada que suprimir y en donde la contemplación se vuelve tan natural como la respiración y el latido del corazón– es el estado de conciencia (i.e., pensamiento, imaginación, sensación y voluntad) de calma perfecta, acompañada de la completa relajación de los nervios y los músculos del cuerpo. Es el profundo silencio de los deseos, las preocupaciones, de la imaginación, de la memoria y el pensamiento discursivo. Uno podría decir que todo el ser se vuelve como la superficie quieta del agua, reflejando la inmensa presencia del cielo estrellado y su armonía inefable.¡Y las aguas son profundas, tan profundas! Y el silencio crece, perpetuamente… ¡qué silencio! Su crecimiento se lleva a cabo a través de ondas regulares que pasan, una tras otra, a través de tu ser: una onda de silencio seguida por otra onda de silencio más profundo y luego otra vez una onda de silencio aún más profundo… ¿Algunas vez has bebido silencio? Si tu respuesta es afirmativa, entonces ya sabes lo que es la concentración sin esfuerzo. 

Con el tiempo, el silencio o la concentración sin esfuerzo se vuelve un elemento fundamental siempre presente en la vida del alma. Es como el servicio perpetuo en la Iglesia del Sagrado Corazón en Montmartre que se realiza en París mientras uno trabaja, uno interactúa, uno se divierte, uno sueña, uno muere… De la misma forma que “un servicio perpetuo” de silencio se establece en el alma, esto continua siempre aunque uno esté trabajando o cuando uno está conversando. Esta “zona de silencio”, una vez establecida, es un manantial del cual uno puede tomar tanto para el trabajo como para el descanso.

Por último, hay que mencionar que el mismo Tomberg compara este silencio, esta concentración sin esfuerzo que es un perpetuo servicio en la catedral del alma, con el famoso axioma del yoga de Patanjali: yogaś-citta-vr̥tti-nirodhaḥ. El yoga es el estado silencioso de la mente, libre de perturbaciones psicoemocionales; el cese de la mente burda en el que se puede separar la conciencia o espíritu (purusha) de la materia (prakriti) y su onerosa ilusión mundanal. Como explica el traductor Óscar Pujol en su versión del Yogasutra, cuando la mente cesa se presenta:

una purificación y un mayor resplandor de la conciencia, que se manifiesta prístina en toda su cristalina pureza libre de los lazos oscuros de la materia. Brilla, entonces, la energía de la conciencia del purusha, establecido en la cúspide del mundo, eterno, ilimitado, puro, sin ningún dolor o impedimiento, gozando de su propia grandeza, en un estado de excelsa beatitud (atishobhana).

Twitter del autor: @alepholo