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En busca de la libertad: reflexión sobre la serie “She´s Gotta Have It” (Spike Lee, 1986)

Arte

Por: Carlos González García - 12/24/2017

Después de 31 años Spike Lee retoma el proyecto de su primer largometraje con los personajes intactos, como si fuera un objeto perdido que se arma como un mapa antiguo

Fue una bien lograda opera prima que dirigió y produjo Spike Lee la que le dio vida a su fructífera carrera y donde él mismo interpretaba a uno de los personajes principales. La expresiva cinefotografía del entonces muy joven Ernest Dickerson lograba llenar las escenas con una calidad emocional especial, donde todo giraba en torno a Brooklyn.

El guión de Spike Lee ubicaba a su protagonista Nola Darling (Tracy Camilla Johns) buscando su identidad y explorando su sexualidad con distintos sujetos al mismo tiempo. Por un lado el aparentemente formal Jamie Overstreet (Tommy Redmond), por otro el presumido modelo Greer Childs (John Canada) y también con el casi puberto Mars Blackmon (Spike Lee). Era una sorpresiva postura para los años ochenta y que ahora está tan de moda el tema de empoderar a la mujer. La premisa resulta más inteligente porque era un planteamiento sincero: “¿No pueden las mujeres con sus nuevos derechos adquiridos relacionarse sexualmente como lo han hecho los hombres por tantos siglos?”. La respuesta a esta pregunta que nos resuelve la serie es el ¿cómo?, pero no en un ejercicio feminista forzado, sino en el escrutinio de un hombre preguntando algo legítimo. Al mismo tiempo, en ese ejercicio, se ponen sobre la mesa cuestiones raciales que siempre ha abordado responsablemente Spike Lee. Los hombres que habitan la vida de Nola son los tipos decadentes que se han vuelto estereotipos del hombre afroamericano que Spike Lee parece criticar ferozmente.

La película en formato blanco y negro se inspiraba en la nueva Ola francesa y el nuevo cine americano independiente de cineastas como John Cassavetes, con algunos recursos estilísticos radicales de Shelton Jackson Lee alias Spike Lee que apenas estaba siendo desarrollados para ser perfeccionados después en cintas como “Malcom X” (1992), “Clockers” (1995) o La última Noche / 25th Hour” (2003). Por ejemplo, a veces rompía el discurso y hacía que los personajes hablaran a la cámara en momentos íntimos pero extraños que se apoyaban en el lente gran angular cerca de los actores.

 

Después de 31 años, Spike Lee retoma el proyecto de su primer largometraje con los personajes intactos, como si fuera un objeto perdido que se arma como un mapa antiguo. Con rompimientos dramáticos donde Nola principalmente, habla a cámara, cuestionando si lo que hace esta bien o mal, sin dejar de fumar una poderosa marihuana hidropónica diariamente. La libertad de Nola es cuestionable, pero resulta mucho más cuestionable la manera de vivir a la que la obliga el sistema. Nola Darling (De Wanda Wise) es una artista joven, una pintora que busca éxito en lo que hace sin caer en los vicios de la mujer común, sobre todo depender de un hombre. Es de esta manera como inicia su relación con tres hombres al mismo tiempo, Jamie Overstreet (Lyriq Bent) la parte estable paternal material protectora, Greer Childs (Cleo Anthony) el Apolo que excita su parte más salvaje, y Mars Blackmon (Anthony Ramos) el divertido hermano que nunca tuvo. De los tres quizás podrá armar uno, pero solo por instantes va comprendiendo que ninguno la entiende en verdad, y así se tiene que descubrir a si misma para encontrar otra manera de relacionarse.

 

Es increíble la habilidad que tiene Spike Lee para encontrarle el formato adecuado a su serie televisiva, donde exporta ese formato inicial de los ochenta y lo transforma en algo sumamente actual. Hay que aclarar que lleva algunos episodios darse cuenta de esto, si uno se queda en el episodio inicial no le va quedar claro sino todo lo contrario, es un gancho comercial en realidad.

Un giro argumental interesante se construye cuando Nola toma la iniciativa de adornar las calles de Brooklyn con posters diseñados por ella, donde gráficamente se violentan imágenes de mujeres mientras se dice que las mujeres no son propiedad de nadie ni se les pueden poner apodos. Esos posters causan gran reacción y terminan siendo su antesala del éxito gracias a una amiga galerista que se entera de la acción secreta, porque Mars es indiscreto con los problemas monetarios de Nola. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué sus cuadros no los pela nadie y sus actos de rebeldía en las calles son reverenciados? ¿Será por la libertad que le concede el anonimato? Una libertad mental que la conecta honestamente con su esencia y otra manera de crear desde sus mismas entrañas.

 

Así son las situaciones, se van encimando con significados que se van complicando, es como un extraño rompecabezas moral que cuestiona qué tanto han cambiado las cosas desde 1986, en apariencia mucho, pero en esencia muy poco.

El arte de Nola es una extensión espiritual, y de esa manera se va hablando a sí misma para poder evolucionar en su camino. La artista responsable en realidad de estos hermosos cuadros se llama Tatyana Fazlalizadeh, que es originaria de Okalhoma y que se ha dedicado a ser activista por los derechos de las mujeres con sus pinturas Es una especie de Nola Darling que se ha encontrado a sí misma. Resulta apasionante como Spike Lee encuentra a la pintora real, y su arte lo usa como utilería, como diseño de producción, pero sobre todo como elemento dramático que va comentando lo que sucede en el drama y empujándolo para adelante. Los elementos artísticos como una extensión que resulta en un anclaje en la realidad de lo que es el personaje de Darling en esencia.

Esta mujer crea hermosos diseños con las hojas de los árboles que caen en el otoño (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 12/24/2017

Aunque la vida puede ser en sí misma estética, a veces necesitamos pequeños recordatorios que nos ayuden a darnos cuenta de ello.

Cada otoño, desde hace al menos cuatro años, es posible ver a una mujer en el campus de la Universidad Estatal de Sacramento barriendo las hojas que se desprenden de los árboles ahí plantados. 

Se dirá que esta es una labor común y corriente, y en cierto modo lo es, pero en el caso de Joanna Hedrick, está acompañada de una intención entre estética y metafísica. 

Su barrido no es simple, sino dirigido: con las hojas elabora preciosos y, en algunos casos, intrincados diseños. Espirales, laberintos, modestos fractales, combinaciones geométricas… 

Bajo la inspiración de Andy Goldsworthy (artista británico conocido por el uso de elementos naturales en sus piezas), Hedrick realiza estas figuras a manera de regalo para los estudiantes que, en esta temporada, suelen encontrarse en exámenes y ya que ella trabaja como consejera en la Universidad, seguramente sabe de la tensión que éstos provocan en los jóvenes.

“Tomo algo que ya es hermoso y lo hago único, algo ante lo cual no puedes simplemente pasar y ya”, dice.

El ejercicio evoca, inevitablemente, los mandalas de arena que realizan los monjes del Tíbet, paciente y laboriosamente, a lo largo de muchos días y aun meses, para al final barrerlos y aprender así que todas las obras son frágiles y momentáneas, que el ego es menos que una brizna para la esencia del tiempo y que todo, al final, desaparece, a veces amablemente, como las hojas de esos árboles, dispersadas por el viento o consumidas poco a poco por la misma tierra de la que surgieron.

 

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