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Extenso estudio comprueba que entre más usas Facebook peor te sientes anímicamente

Salud

Por: pijamaSurf - 10/25/2017

No es un secreto que Facebook causa ansiedad, depresión y estrés emocional, pero jamás se había probado que a este grado

Desde hace tiempo se ha evidenciado que algo ocurre con Facebook que, al menos a nivel psicológico, genera reacciones principalmente negativas en los usuarios. Hoy parece más claro que nunca que el extraño cóctel que se genera alrededor de esta red social (que incluye la canalización de la amistad, el culto a la personalidad ficticia, la sobreexposición y la ansiedad) tiene serias repercusiones en nuestra mente y, sobre todo, en nuestro sentido de bienestar.

Al respecto, un estudio de más de 2 años determinó que, a grandes rasgos, entre más utilizas esta red social peor te sentirás. A lo largo de este período, más de 5 mil personas fueron monitoreadas por investigadores de las universidades de Yale y de California. Tras analizar la información recabada, notaron que existe una correspondencia entre la cantidad de tiempo que alguien dedica a esta red social y el grado de bienestar que experimenta.

​En este contexto, el estado de bienestar fue considerado de acuerdo con la salud mental y física que los participantes reportaban. En promedio, acciones tan simples o cotidianas, incluso compulsivas entre algunos, como likear algo, actualizar tu estado o clickear un enlace, repercutían significativamente en el estado de una persona, pues reducían entre un 5 y un 8% su salud mental.  

Encontramos consistentemente que dar like al contenido de otros o clickear un enlace predicen significativamente una reducción en la salud mental, física y satisfacción de vida reportadas por los participantes.  

Sin duda, Facebook ha ido adoptando una serie de medidas que Facebook con el fin de atraer por más tiempo a sus usuarios –que, lamentablemente, tienen que ver con detonar emociones o conductas como la compulsividad y la ansiedad. El problema es que ha costa de crecer sus índices, y por ende su control sobre nuestras vidas, está generando una verdadera crisis en la mente y, por lo tanto, en la existencia de sus usuarios.   

¿Cómo se puede incrementar la plasticidad neuronal y gozar de una mejor salud mental?

Salud

Por: PijamaSurf - 10/25/2017

El cerebro, al igual que el plástico, puede adaptarse a cualquier molde a lo largo de su existencia y vitalidad

Desde el descubrimiento de la neuroplasticidad -la capacidad de nuestro sistema nervioso de cambiarse y regenerarse a partir de la interacción con el medio ambiente- se desarrollaron múltiples investigaciones, hipótesis e incluso tratamientos para desórdenes mentales y físicos. El principio es sencillo: el cerebro, al igual que el plástico, puede adaptarse a cualquier molde a lo largo de su existencia y vitalidad.

Gracias a esta cualidad, el cerebro es intrínsecamente resiliente: capaz de superar eventos catastróficos, experiencias traumáticas, entornos tóxicos (en relaciones de pareja, familia, compañeros de trabajo, criminalidad…), etc.; y de desarrollar nuevas conexiones neuronales saludables cuando la tranquilidad o estabilidad se apodera de la normalidad. Sin embargo, para poder permitir que el cerebro actúe hacia su propio bienestar es importante facilitarle el trabajo. Es decir, realizar una serie de actividades que fomenten la creación de nuevas conexiones neuronales y permitan una mayor adaptabilidad al lugar:

– Actividad física. El ejercicio se encuentra fuertemente relacionado con la salud del cerebro y el óptimo funcionamiento cognitivo. En numerosos estudios científicos se ha relacionado la constancia de alguna actividad física con el aumento en la materia gris del cerebro, resultando en un mayor desempeño en tests de memoria, atención y pensamiento. Además incrementa la capacidad de generación de neuronas en el hipocampo, la principal región para el aprendizaje y la memoria vivencial, lo cual a su vez reduce el riesgo de desarrollar trastornos neurológicos como el Alzheimer o desórdenes emocionales como la depresión.

– Una dieta equilibrada y saludable. El estómago es considerado el segundo cerebro de nuestro cuerpo, por lo que la alimentación es un factor predominante en la salud emocional y física de cualquier persona. Por un lado, el consumo de alimentos no procesados –más naturales– resulta en una fuente constante de energía que mantiene activo tanto al cuerpo como a la mente (por ejemplo, alimentos con ácidos omega 3, antioxidantes). Por otro lado, una dieta alta en azúcares y alimentos procesados puede afectar la plasticidad neuronal y, en consecuencia, la posibilidad de adaptabilidad al medio.

– Consumir vitaminas y minerales. Si bien no hay suficiente evidencia científica a favor de las multivitaminas, la realidad es que el cerebro necesita de las vitaminas para su funcionamiento. En especial la vitamina B12, la cual tiene un impacto significativo en el sistema nervioso central, en el funcionamiento cognitivo  y en el transporte de oxígeno a todo el cuerpo. Se pueden consumir vitaminas mediante los alimentos naturales.

– Café. Esta bebida no sólo se encarga de mantenernos en alerta; también ayuda a bloquear los receptores de adenosina, reduciendo el riesgo de desencadenar desórdenes como la depresión o trastornos como el Alzheimer o Parkinson. Esto se debe a que el café, como el cacao, mejora el funcionamiento vascular, ayudando a reparar el daño celular por el estrés o un medio ambiente físicamente tóxico. Se trata de un antioxidante natural, por decirlo de alguna manera.

– Meditación. En los últimos años ha surgido un especial interés por los beneficios de la meditación en la salud mental y física de sus practicantes. La evidencia científica ha demostrado que la meditación se relaciona con un incremento en el volumen del cerebro –principalmente en la corteza cerebral– y la desactivación de la amígdala –relacionada con el miedo y la ansiedad. De modo que esta actividad ayuda no sólo a reducir la incidencia de desórdenes del estado de ánimo, sino también a producir una mayor materia blanca conectando diferentes regiones del cerebro y mejorando la atención y concentración.

– La educación o actividad mental. Mantenerse mentalmente activo a lo largo de la vida mediante el aprendizaje se ha relacionado en numerosas ocasiones con una buena salud mental. Ejercicios como el sudoku o los crucigramas son alternativas que ayudan a mejorar el funcionamiento cognitivo, reduciendo la incidencia de trastornos como el Alzheimer. Esto pues la actividad mental, la creación de nuevas conexiones neuronales, se convierte en un refuerzo en contra de las patologías cerebrales.

– Sueño. Dormir es una actividad reparadora en todo sentido: consolida la memoria, regula cada sistema corporal y mejora el estado de ánimo. En caso de no dormir las horas suficientes, la función cognitiva se ve afectada negativamente, hay una menor calidad y cantidad de atención, aprendizaje y pensamiento creativo, y el estado de ánimo se vuelve más lábil.