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Electricidad hecha a partir de lágrimas, saliva y mucosidad humanas

Ciencia

Por: PijamaSurf - 10/03/2017

Estas secreciones humanas son capaces de producir electricidad gracias a la proteína lisozima, la cual puede tener reacciones eléctricas cuando se encuentra bajo presión

Las lágrimas, el sudor y la saliva son fluidos que tienen una función en el cuerpo humano. Por ejemplo, las primeras fungen como regulador psíquico o protector de contaminantes; el segundo, como regulador de la temperatura corporal; la tercera, como protector de objetos y contaminantes en la zona bucal. Sin embargo, muy poco se sabía acerca de la propiedad de producir electricidad de estos tres fluidos.

Según las investigadoras físicas Aimee Stapleton y Tofail Syed, de la Universidad de Limerick en Irlanda, estas secreciones humanas son capaces de producir electricidad gracias a la proteína lisozima, la cual puede tener reacciones eléctricas cuando se encuentra bajo presión. Se trata de una enzima que ayuda a romper las paredes bacteriológicas de las células, pero en condiciones con la suficiente manipulación ambiental, es capaz de producir una carga eléctrica. Es decir, al aplicar un poco de presión en cristales de lisozima, se genera la piezoelectricidad –una carga eléctrica que se acumula como reacción de un estrés mecánico.

En palabras de Stapleton:

Pese a que la piezoelectricidad es usada regularmente, se desconoce realmente cómo esta proteína en particular es capaz de generar electricidad. Dado que es materia biológica, no es tóxica y por lo tanto puede usarse de múltiples formas innovadoras, tales como capas electroactivas antimicrobios para implantes médicos.

La novedad de este tipo de electricidad, con base en los cristales lisozimas, es que provienen de la naturaleza misma y por lo tanto es energía ecológica –a diferencia de la energía derivada de los cuarzos. Por esa razón, esta nueva perspectiva permite comprender la existencia del ser humano de manera orgánica mediante unas estructuras jerárquicas complejas como pieles, células y polipéptidos.

Por supuesto, mencionan las investigadoras, se requiere una mayor investigador al respecto; sin embargo, se pretende desarrollar una nueva era de electrónicos flexibles y ecológicos, así como nuevos tipos de implantes que liberen medicamentos en el cuerpo desde el interior de la piel.

Cómo los pensamientos se convierten en la química que determina lo que vivimos

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/03/2017

Los pensamientos se convierten en sustancias químicas que modulan nuestro comportamiento y determinan nuestra salud

Bruce Lipton es un biólogo que ha desarrollado lo que llama "la biología de las creencias", con la que busca explicar cómo el pensamiento puede afectar al cuerpo incluso al nivel de expresión de genes (su campo es la epigenética). Aunque Lipton es criticado por la comunidad científica establecida, su razonamiento merece considerarse a la luz justamente de lo que ha encontrado la epigenética (donde, por ejemplo, el trauma psicológico se manifiesta posteriormente como enfermedad física) o la investigación sobre el placebo (donde el placebo se ha mostrado efectivo incluso cuando se sabe que es placebo).

En una reciente conferencia, Lipton explicó cómo los "pensamientos se convierten en química" y ésta modula nuestro comportamiento, hasta el punto de determinar nuestra salud.

"Si crees que hay una amenaza, signos de eso crearán una respuesta de protección", dice Lipton, esto es, señales de estrés, neurotransmisores como la adrenalina, "pero qué pasa cuando no es real: al creer que estamos en un ambiente amenazante, manifestamos estrés aunque el ambiente en el que vivamos no tenga una amenaza real". 

"Ya sea que estén correctos o equivocados", lo cierto, dice Lipman, es que "tus pensamientos están cambiando tu biología". Lipman cita el Dhammapada, donde se recogen las palabras del Buda ("Somos lo que pensamos") y dice que esto es comparable con lo que ha descubierto la epigenética: "lo que estás pensando se traduce en química que determina lo que serás". La forma en que esto ocurre, explica Lipton, es con una fórmula básica:

Señal+ proteína: comportamiento. 

Y enfatiza que los genes (proteínas) causan alrededor del 1% de las enfermedades. Así que las señales causan más del 90%:

1. Las señales inciden a través de traumas que afectan el flujo de información, lo que lleva a malfuncionamiento. 

2. Las toxinas también distorsionan las señales, lo que altera la comunicación y el funcionamiento.

3. La influencia de los pensamientos: un problema de salud causado por el pensamiento no significa un problema físico inicial, sino un problema de señal que luego afecta al cuerpo.

Así que una enfermedad, en cierta forma, no es más que un problema de comunicación interna provocado, en ocasiones, por una respuesta exagerada al medio ambiente. De aquí que sea tan importante practicar ciertas técnicas meditativas o contemplativas para no enviar señales distorsionadas. Para no ver tigres dientes de sable y elefantes desbocados en el espacio esterilizado de la vida moderna.

Si podemos arriesgar una comparación más con el budismo, quizás el término "samskaras" (que según la cadena de originación del budismo es el segundo eslabón -después de la ignorancia- y que genera el cuerpo y al mundo en el que habitamos) pueda considerarse como un factor de raíz epigenético. Tradicionalmente se traduce este término como inclinaciones o tendencias mentales, pero el erudito en sánscrito y tibetano Herbert Günther lo traduce como "constructor de realidad": una primera línea de impresiones que construyen el mundo en el que vivimos.