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Ometeotl: Una interpretación filosófica sobre la divinidad polar trinitaria del México antiguo

AlterCultura

Por: Juan Phoenix - 09/21/2017

En un intento por rescatar el simbolismo cosmogónico del ancestral pueblo de Anáhuac (hoy conocido como México), expondremos una interpretación más cercana a la filosofía de los anahuacas

¿Qué forma tendrán nuestros rostros en la casa del misterio? ¿Es aquello real o acaso no lo es? ¿Quién puede, de cierto, definir la verdad? El Dador de Vida se muestra impenetrable.

Cantares de los Señores

Y quisiera alegrar al desventurado fauno, que yace allí bajo la tierra dormida.

W. B. Yeats

En un intento por rescatar el simbolismo cosmogónico del ancestral pueblo de Anáhuac (hoy conocido como México), expondremos una interpretación más cercana a la filosofía de los anahuacas, pues debido a la confusión producto de la imposición cultural y religiosa, así como las dificultades propias de adaptar términos de una lengua profundamente ligada a un pensamiento filosófico tan distinto al europeo, propician que surjan interpretaciones erróneas o superficiales, que carecen del significado trascendental en que su lengua madre los concibió.

El significado tradicional que actualmente se atribuye al término Ometeotl puede generalizarse como: "Divino Señor de la Dualidad", lo cual dista bastante de la visión que tenían de Ometeotl los pobladores del antiguo territorio de México, pues el término Ometeotl es una expresión para designar una rica filosofía producto de un pueblo culto con un pensamiento metafísico altamente sofisticado que representaba como divinidades de su panteón. Para adentrarnos al conocimiento detrás de este término primero es necesario conocer el origen de la palabra, así como clarificar las confusiones interpretativas que han surgido en su estudio.

Según nos dicta la etimología, el termino Ometeotl está compuesto por:

"ON" (prefijo reverencial) + "E" (tres) + "OME" (dos) + "TEOTL" (divino)

La partícula "On" significa unidad, Por su parte, la raíz "E" significa tres; cuando se unen, ambos elementos componen el número "Ome", dos. A su vez, cuando el número "Ome" se une con otro término, pierde la desinencia "E" (salvo excepción), como en "Ome" (dos) + "Teotl " (divino) = "Onteotl" (divina dualidad); sin embargo, el componente “Ome” del nombre de Ometeotl no se refiere al número 2, sino a la composición "Om-E", (respetable 3). De ahí que el informante mexica que asesoró la confección del Códice Vaticano lo tradujera como "Señor de Tres Dignidades" (Om, "digno" + E, "tres" + Teotl, "divino"), por lo que la traducción más acertada seria:

Ometeotl: Divina Uni-Dual-Trinidad. Ometeotl es único en esencia, triple en acción y dual en manifestación.

Este detalle no lo tuvo en cuenta el padre Garibay Kinana, quien en la década de 1940 lo dio a conocer cuando tradujo los cantos mexicas, traduciéndolo como “dios dual”, y tampoco los miembros de la llamada "mexicanidad" que, a fines del siglo pasado, tomaron el nombre de Ometeotl de las obras de Kintana y Portilla, con todo y traducción.

Omeyocan: este es como si dijésemos la 'Causa Primera', por otro nombre llamado Ometeotl, que es tanto como 'Señor de Tres Dignidades'.

(Códice Vaticano 3738, única fuente conservada que explica el termino como “Señor de Tres Dignidades”)

Todos estos detalles aunados a la idea del “dualismo” del cristianismo occidental moderno, como un concepto moral de "el bien" y "el mal", condujeron al entendimiento erróneo de Ometeotl como personificación de la toxica idea dualista del cristianismo moderno (hago énfasis en el término “moderno”, pues la doctrina del cristianismo ha sido tan deliberadamente manipulada y alterada que el cristianismo moderno puede considerarse una fragmentación adulterada del cristianismo original primitivo; todo parece indicar que la idea de dualidad no existía en el cristianismo original, esta idea fue posteriormente adoptada de la antigua religión zoroástrica).

Ometeotl no tenía templos; era, pues, casi desconocido por el pueblo común, pero muy nombrado en los poemas de las clases altas, pues aparece en las Antiguas Palabras y en los Cantares de los Señores, que son documentos más bien filosóficos, y ahí es donde yace la clave para entender la profundidad del término.

El principio de la tríada se puede encontrar en muchas religiones trinitarias, y en diversas escuelas filosóficas y/o esotéricas, como la de los egipcios, los hindúes o la propuesta teológica de la Santísima Trinidad de los cristianos; también encontramos la triple gema del budismo, o los tres principios de la alquimia; en esencia todos representan lo mismo, pero cada uno manifiesta una visión única propia de sus creencias, cultura y su facultad de percibir al mundo a su propia manera.

Ometeotl, en la ideología tolteca, viene a encarnar:

  • 1- El principio creador y sustentador del Universo. 

  • 2- La conciliación de las polaridades, es decir, de todo lo manifestado (Tonal) y todo lo oculto 
(Nagual), para armonizar los opuestos complementarios hacia un fin superior. 

  • 3- La personificación del proceso perceptual. 


La energía no se crea ni se destruye, esta propiedad energética del universo recibe el nombre de “Senteotl” de raíz “Sentli” (unidad, maíz) + “Teotl” (divino) = “divina unidad” o “divina semilla”. El término se refiere a la unidad filosófica, pero también al "alimento divino", que es la energía vital.

A fin de crear el mundo, Senteotl se manifiesta como Ometeotl. Ometeotl es el creador del espacio-tiempo; se manifiesta como una multitud de “dioses”, que en verdad son personificaciones de las fuerzas de la naturaleza, proyectadas por la psique humana.

Ometeotl es aquello que algunos han llamado “Dios” en su aspecto más elevado, no siendo, en el sentido estricto de la palabra un «ser», ya que, siendo autocontenido y autosuficiente, no puede ser limitado por la propia existencia, que limita a todos los seres. Todo proviene de Ometeotl y todo regresa a Ometeotl; es, pues, el equivalente de lo que los judíos denominan Ein Sof.

Ometeotl es un potencial de acción, pues lo divino es una propuesta de acción. Lo de Uni-Dual-Trinidad es el intento de conciliar nuestras polaridades; los antiguos mexicanos no eran dualistas, sino polaristas, pues la doctrina de la dualidad supone que hay dos entidades o fuerzas distintas en el universo, mientras que la doctrina de la polaridad afirma que hay una sola con dos polos o manifestaciones. La polaridad es complementaria y armónica; la dualidad es excluyente.

Esta unidad creadora, de quien todo lo creado emana y se manifestó a través de Ometeotl, se desdoblaba como fuerzas naturales que interactuaban con el mundo físico (Tonal) y con lo impalpable (Nahual) y así se manifestaba el principio de polaridad/complementariedad latente en todo lo creado; a este principio lo llamaron OMETEOTL.

En cuanto a su cualidad trinitaria, el tres refleja el proceso del acto perceptual, compuesto de un sujeto, un objeto y una relación. La triple naturaleza de la percepción, es decir, sensación, selección-interpretación y la facultad volitiva creadora y consciente del acto mismo de percibir. Sintetiza entonces la conciencia, la voluntad y la capacidad creadora del ser humano.

A Ometeotl se le representaba con el emblema del triángulo con un nudo u ojo en el centro, o bien con tres ojos. Aquí algunas imágenes tomadas de vasos teotihuacanos, pues el concepto de la fusión de la polaridad en la trinidad existe en Anáhuac desde la época olmeca.

Imagen del Templo de la Agricultura, Teotihuacán: dos grupos de nueve pirámides organizadas en tres paquetes cada uno, sintetizados por el glifo "cielo emplumado o precioso", símbolo de Ometeotl. Obsérvese que las escaleras de las pirámides son similares a cadenas de ADN, en tanto sus santuarios están formados por el glifo de los triángulos cruzados, emblema de los ciclos de tiempo. Debajo, nubes con "perros-naguales" que transportan semillas. El conjunto de estos símbolos son representaciones de un pensamiento de tipo evolucionista.

 

En el libro titulado Kinam: El poder del equilibrio, del investigador antropológico Frank Diaz, leemos:

Una de las ideas básicas de la cosmogonía tolteca es que las cosas no salieron “de la nada”, sino que fueron paulatinamente evolucionadas por Ometeotl a través de sus poderes auxiliares: las fuerzas y leyes de la naturaleza. Dicho en otros términos, la creación era para ellos un proceso continuo, que va de la oscuridad a la luz (Tlilli-Tlapalli), a través del progresivo despertar de la conciencia. Consideraban que este proceso es tan universal, que ocurre incluso en términos biológicos. Los mesoamericanos fueron  probablemente el único pueblo del mundo antiguo que tuvo creencias evolucionistas, en un sentido afín a lo que ha descubierto la ciencia.

Veamos, por ejemplo, la siguiente cita del Popol Vuh sobre la humanidad que nos antecedió en la Tierra:

Dicen que la descendencia de aquellos hombres son los monos que ahora existen en los bosques. Por esta razón el mono se parece al hombre: es la muestra de una generación creada.

(Popol Vuh I.IV)

El concepto tolteca de la evolución recibía el nombre de senkawa, un movimiento que tiende a la perfección, donde la raíz sen, uno, indica que esa perfección se concebía como un retorno a la unidad. Según esta idea, la evolución del primate no termina en el hombre, sino que va más allá, hasta el plano de existencia de los “dioses”, e incluso sigue ascendiendo, gracias a la toma de conciencia de las “serpientes emplumadas”, hasta integrarse de nuevo en Ometeotl.

Ahora bien, es evidente que tenemos órganos de percepción, ojos, oídos, gusto, tacto y olfato... Entonces, probablemente, este sistema de percepción ha sido diseñado  para recibir información. Si es así, es razonable suponer que la información existe. Si existe información, probablemente pertenece a algo, pero he aquí donde surge una de las mayores trampas perceptuales en las que cae el ser humano, y que Frank Diaz expresa a su propia manera:

Como la mente del primate ve objetos, cree que la totalidad es igual a la suma de sus componentes. La mente del primate razona que, si cada objeto tuvo una causa, la Totalidad también tiene que tenerla. Tal es el origen de las religiones teístas y de la ciencia materialista. La mente del primate está bien para el primate, pero no para quienes tratamos de trascender nuestra herencia animal. Si queremos entender cómo funciona el universo, cómo llegamos a existir y cuál es nuestro propósito en la vida, necesitamos una mente nueva, una mente capaz de ABSTRAER. La razón es un medio, no un fin; el fin es el conocimiento de la realidad.

El semántico Alfred Korzybski denominó "conciencia de abstracción” al conocimiento del mecanismo generalmente inconsciente mediante el cual cada uno de nosotros hace el mundo a su propia imagen.

La filosofía detrás del concepto de Ometeotl es muy profunda y nos propone la idea de que tal vez el mundo sólo sea un medio para un fin más alto y el cuerpo una herramienta que puede utilizarse para lograrlo; tal vez algo misterioso en el espacio-tiempo decidió retornar al origen, pero con la ganancia de la conciencia de sí, ya que “Moyocoyani”, aquel que se inventa a sí mismo, es otro de los múltiples nombres con que se conoce a Ometeotl.

Aunque la energía está más allá de descripción y entendimiento, es posible percibirla e interactuar con ella a través de sus infinitas manifestaciones. La evolución natural tiene límites. Toda forma de percepción es limitada. Por ello, todo entendimiento de la realidad es imperfecto y perfectible. Nuestra única posibilidad de trascendencia consiste en intentar deliberadamente el acrecentamiento de la percepción, tal propósito nos impulsa a evolucionar, es decir, a acrecentar nuestras capacidades perceptivas. La experiencia máxima consiste en diluir el condicionamiento perceptual propio de nuestra especie y fundir la propia conciencia con el aspecto consciente de la energía cósmica, haciéndonos canal de su triple naturaleza.  

La cita anterior pertenece a Frank Diaz, que por exponer sus ideas e investigaciones ha sido difamado, ignorado y ridiculizado no sólo por la comunidad antropológica sino por todo tipo de personas conservadoras, acusándolo de pertenecer a la corriente new age, siendo que Frank es poseedor de un pensamiento altamente crítico; además de experto en el sistema calendárico mesoamericano basa sus teorías en el estudio de fuentes primarias, el dominio de la lengua náhuatl, así como en prácticas de descondicionamiento de la percepción, pero sobre todo con su compromiso con el estudio formal y difusión del pensamiento de Anáhuac.

Nota: las ideas aquí expuestas son producto del estudio del trabajo académico de Frank Diaz. Para los interesados en la filosofía mexica interpretada por Frank, aquí pueden ver un muy interesante video: La filosofía tolteca.

Los tres yogas que llevan a la liberación según la tradición: bhakti yoga, karma yoga, jnana yoga

El sabio, para quien el placer y el dolor son iguales, él es quien se acerca a la liberación. 

Bhagavad Gita, 2.15

 

La gran obsesión de las diferentes escuelas filosóficas que se han originado en la India, abundante madre de caminos espirituales, ha sido siempre la liberación. Habiendo notado que este mundo es por naturaleza insatisfactorio (algo que antecede por su obviedad a las nobles verdades del Buda), las diferentes tradiciones trazaron senderos para alcanzar un estado libre del sufrimiento, de la muerte y el renacimiento. Bajo la premisa de que la existencia tiene una naturaleza espiritual y la conciencia o alma perdura más allá de la muerte (ya que el alma se ve a sí misma causalmente encadenada al mundo por sus actos o karmas), las diferentes tradiciones se dedicaron a hallar una forma de liberarse de este mundo y encontrar una dicha inmutable. Esto es a lo que se refiere cuando se habla de liberación: moksha.

Particularmente el moksha, en las diversas tradiciones que han llegado a conformar lo que hoy se conoce como el hinduismo, se refiere a la liberación del alma, que generalmente significa una unión (yoga) o una disolución en una realidad superior, la cual puede ser impersonal o personal, según las diferentes tradiciones (en el budismo esto es un poco diferente pero también hay una liberación de este mundo que es un despertar a la realidad, la cual, sin embargo, no tiene la cualidad de un Ser absoluto que la sustenta ni de un alma individual que se libera). Generalmente, este yoga también significa la desaparición o aniquilación de toda individualidad o historia personal. Conocer a Dios significa volverse Dios, pero necesariamente significa también dejar de ser para siempre alguien (esto tiene algunas excepciones; por ejemplo, en algunas corrientes del vaisnavismo, en las que el alma mantiene una cierta individualidad regocijándose eternamente en su relación con Dios sin precipitarse y anularse en lo absoluto). Lo que es indudable es que aquellos que buscan egoístamente estados de elevación espiritual y sueñan con volverse poderosos seres divinos están condenados, por definición, al fracaso. La totalidad, enseñan estos caminos, es accesible a todos, pero requiere de entregarse completamente a ella. Quien quiere todo (lo real) debe primero renunciar a todo lo que tiene (todas las ilusiones, todo lo que es impermanente).

Tradicionalmente, en la India no se tenía el concepto de religión y no se hablaba de religiones como grupos claramente segmentados y organizados; las categorías como "hinduismo" o "tantrismo" y demás son creadas por académicos occidentales. Se hablaba de senderos (marga), de visión (darshana) y de gurús o maestros. Algunos maestros, no obstante, han trazado en retrospectiva una división de tres caminos o vehículos para lograr la liberación, los cuales son utilizados por muchas "religiones" distintas (según nuestro entendimiento del término), a partir de las enseñanzas que se pueden extraer de los textos védicos y sobre todo a partir de la instrucción que hace Krishna (avatar del Dios supremo Vishnu) en la Bhagavad Gita (la Canción de Dios, un libro universal en el sentido de que es reverenciado por múltiples "religiones") y de sus comentadores. Estos son: jnana yoga (conocimiento), karma yoga (acción) y bhakti yoga (devoción).

La filosofía de la India se caracteriza por una compleja e interminable discusión sobre cuáles de estos métodos son mejores, con las diferentes escuelas defendiendo aquellos que practican e interpretando las palabras de Krishna de forma que se ajuste a sus doctrinas. Un ejemplo de esto es Shankara, el gran fundador del advaita vedanta, quien hace una lectura a favor del jnana yoga en la Bhagavad Gita. En realidad la Bhagavad Gita señala que estos tres senderos son efectivos, pero evidentemente hace un énfasis en el karma yoga y en el bhakti yoga, este último siendo especialmente practicado por los devotos de Krishna y considerado su introducción particular al mundo en la época oscura o Kali Yuga, en la cual aparentemente declinan las capacidades mentales de las personas para sostener sistemas como el jnana yoga, más complejo y abstracto, y más cercano al brahmanismo. Se dice en la Gita que Vishnu (Krishna) desciende al mundo cuando el dharma se oscurece y los hombres se desvían. También hay que mencionar que estos tres yogas no son para nada excluyentes mutuamente, sino complementarios y en realidad cada uno tiene algunos factores del otro, aunque de manera menos enfática. La devoción, por ejemplo, necesita del conocimiento --aunque sea de un tono emotivo-- de que la divinidad es la realidad y no el propio ego, para entregarse con fervor y ser capaz de ver a Dios en todas partes. La acción, que es una acción desapegada en cumplimiento del deber, tiene un carácter esencialmente devocional en tanto que todos los actos son vistos como sacrificios a lo más alto; y el conocimiento no puede escapar de la acción completamente en su misma interrogación de su propio ser para desidentificarse con su yo separado y adherirse a la divinidad, aunque ésta sea impersonal. En realidad, los practicantes de estas disciplinas generalmente realizan algunas prácticas específicas de otros de los yogas, aunque éstas son sólo complementarias y no centrales. El mismo Shankara habló de utilizar a una deidad personal en el sendero como algo que puede ser útil. Por otro lado, existen senderos como el tantrismo, tanto budista como hinduista, que abiertamente abrazan estos tres yogas y los combinan, argumentando que el sendero más eficaz es la combinación de los tres.

Algunas personas incluyen, cuando se habla de los diferentes yogas que llevan a la liberación, al raja yoga, el yoga regio, al cual Vivekananda equiparó con el yoga de Patanjali, basado fundamentalmente en la meditación y en la obtención del samadhi (en este caso, samadhi como iluminación y no paz o concentración). Quizás podríamos incluir a la meditación con la devoción, la acción y el conocimiento como uno de los cuatro grandes caminos hacia la liberación. Sin embargo, hay que decir que tradicionalmente no se considera al raja yoga en este conjunto, sino que se habla sólo de los tres yogas. Y es que todos estos senderos incluyen a la meditación como parte de sus métodos, pero no consideran que la meditación en sí misma y por sí misma obtenga la liberación. Algo que también ocurre en el budismo mahayana, donde aunque la meditación es fundamental, se habla de que es necesario practicar la compasión y encontrar la sabiduría para realmente poder alcanzar la liberación del samsara, de otra manera sólo se obtiene el estado de un dios (un samadhi muy alto que suele confundirse con la iluminación), en el que se suprime completamente el samsara, pero se debe regresar hasta encontrar la completa liberación que es el estado de un buda.

Lo que puede resultar interesante a los lectores es que cada uno de estos yogas suele vincularse con una cierta personalidad, la cual se ve más inclinada a su práctica. El sendero del jnana es el del intelecto; el del karma es el del cuerpo y el del bhakti el del corazón.

El jnana es el camino indicado para las personas que se relacionan con el mundo a través del intelecto y tienen gran capacidad para concentrar y dirigir su atención. Se trata de autointerrogarse de manera meticulosa y analizar todas las percepciones y conceptualizaciones hasta cortar de raíz la identificación con un yo separado de la deidad o la Conciencia absoluta.

El karma yoga es considerado un camino apto para las personas extrovertidas, activas, valga la redundancia. Actuar para en el acto desprenderse de las cosas que nos atan; dar para darse (a dios) en el dar. Los que practican esto suelen utilizar técnicas, como la repetición de mantras, para que en su quehacer mundano estén de alguna manera libres de los deseos, miedos y esperanzas mundanos. Están en el mundo pero no son del mundo.

El camino de la devoción o el amor divino atrae generalmente a aquellos que se vinculan con el mundo de manera emocional y que tienen por naturaleza fe. Se trata de obtener tonos, sensaciones, sabores e información no verbal ("rasas", en sánscrito) de la divinidad y entregarse a ella con pasión. La respuesta devocional ante lo sublime genera una lluvia de bendiciones y un proceso alquímico de transformación a través del sentimiento de amor hacia la deidad. A diferencia del amor completamente falible y frustrante hacia una persona --que envejece y muere-- el amor a Dios le permite permanecer siempre ante el objeto de su amor --ya que la deidad es omnipresente-- y de esta manera transformar el mundo entero en un espacio sagrado, animado por la dulzura del encuentro con su amado, el cual está siempre presente, siempre colmando la existencia de su deleite. El gran ejemplo de esto son las personas que practican dentro del vaisnavismo gaudía, para quienes el mundo es el lugar donde Krishna juega su divino juego y donde deja las señas y rastros de su amor, los cuales son perseguidos con un fervor fabuloso.

 

El conocimiento (jnana yoga)

La Bhagavad Gita narra el momento en el que Arjuna, de la casta guerrera, se cuestiona su participación en una guerra en la cual deberá matar a sus propios parientes. Arjuna le dice a Krishna que todos los tesoros y placeres de este mundo no pueden deshacer y aliviar las marcas que deja en una conciencia matar a nobles y queridos guerreros. Krishna entonces le enseña el yoga del conocimiento, el cual está basado en el conocimiento del Atman (el yo superior, el Ser o espíritu) y su identidad con Dios. Grosso modo, el conocimiento tiene como fundamento saber que aquello que creemos que somos --como individuos identificados con cuerpos finitos-- es una delusión; lo que realmente somos es el Ser único, el Espíritu Universal, quien es el que realmente experimenta y disfruta las cosas que creemos vivir. Lo que en realidad somos, esta divinidad que es a la vez inmanente y trascendente, es indestructible. Sabiendo esto podemos actuar en el mundo y podemos dejar de aferrarnos a una identidad menor, indefensa ante el cambio y la otredad, lo cual es lo que produce sufrimiento. Estos son los versos con los cuales Krishna convence a Arjuna para que éste tome su lugar en la batalla en el campo de Kuru:

El no-ser nunca puede ser;

el ser nunca puede no ser.

Estas dos afirmaciones son obvias

Para quienes han observado la verdad.

 

La presencia que permea el universo

es imperecedera, inmutable,

más allá del es y no es:

¿Cómo podría desaparecer?

 

Estos cuerpos llegan a un final;

pero el vasto Ser (Atman) corporizado

es sin edad, insondable, eterno.

Por ello debes luchar, Arjuna.

 

Si crees que ese Ser puede matar

o crees que este ser puede ser matado

no entiendes bien

los caminos sutiles de la realidad.  

 

Nunca nació; habiendo sido,

nunca no será.

Nonato, primordial

no muere cuando el cuerpo fallece.

 

Sabiendo que es eterno, nonato,

más allá de la destrucción,

¿cómo podrías tú matar?

¿Y a quién matarías, Arjuna?  

 

Meditar sobre esto y hacer una autointerrogación ontológica es la base del jnana yoga. Específicamente, la tradición del vedanta es la que más se asocia con el jnana yoga. Se práctica esencialmente un método de preguntarse por ese Atman, de meditar, como explica Nisargadatta Maharaj, "en el yo soy eso por lo cual sé que soy". Es decir, lo que somos no es ninguna cosa en particular que podamos conocer, como un cuerpo o un pensamiento, sino la conciencia primordial que permite que tengamos experiencias, conocimientos. El espacio mismo que alumbra las cosas. Por utilizar una metáfora: no somos un ave, un avión, una nube o demás, somos el cielo mismo en el cual aparecen todos los contenidos. La sensación básica de esto, aquello que siempre existe más allá de toda condición, es la sensación "yo soy". Para alcanzar el Ser, sin embargo, es necesario tomar una vía negativa, neti neti y notar todo lo que no somos. Lo que queda es el Ser absoluto que no cambia, que es sólo la luz silenciosa de la conciencia primordial no-dual. Aunque este es considerado el camino supremo por Shankara, uno de los más grandes pensadores en la historia de la India, y ha producido grandes maestros realizados como Ramana Maharsi y Nisargadatta Maharaj, generalmente, a partir de la Bhagavad Gita, se considera el camino más difícil y que requiere el mayor ahínco de la mente. Shankara definió su jnana así: "Sólo Dios es real. El mundo es irreal. El individuo no es más que Dios".

 

La acción (karma yoga)

El karma yoga es el camino de la trascendencia del yo, a través de la acción desapegada y desinteresada, libre de una finalidad, de una ansía por un fruto o un resultado. Es sobre todo un camino para las personas que practican dharma sin convertirse en monjes o renunciantes, son lo que en India se conocía como los propietarios, los que tienen familias y casas.

En la Bhagavat Gita, Krishna explica que, evidentemente, el ser humano nunca está libre completamente de una acción. Para subsistir en el mundo necesitamos actuar. Aun cuando seamos renunciantes y suprimamos nuestra participación en la sociedad, y seamos capaces de silenciar la mente, el mundo sigue manifestando apariencias, el maya sigue produciendo fenómenos, por lo cual nuestros sentidos siguen formando percepciones y recibiendo impresiones de objetos. Asimismo, mientas estemos vivos nuestros cuerpos siguen respirando y digiriendo y realizando otros procesos, los cuales son acciones. Así entonces, la verdadera renuncia no es a actuar, es al fruto del acto.

En la mayoría de las diferentes corrientes filosóficas de la India se enseña que lo que encadena al ser humano al ciclo de muerte y renacimiento --y por lo tanto, de sufrimiento-- es la acción, específicamente el deseo o la intención que coexiste con el acto, ya sea una percepción, un pensamiento, un recuerdo, un acto físico como puede ser comer, tener sexo y demás. Sin embargo, existe una forma de liberarse de esta cadena de formación de karma: actuando sin finalidad, sin la búsqueda de algo a cambio, sin deseo: "El mundo está encadenado por la acción salvo cuando la acción es realizada como un sacrificio. Con esto en mente, oh hijo de Kunti [Arjuna] actúa, pero sin apego".

El sacrificio, aunque tiene una connotación muy específica en el caso de los Vedas, toda una serie de diferentes procedimientos elaborados, con los que una persona busca obtener el estado de la divinidad, realizando ofrendas, purificaciones, recitando mantras y demás, en el caso de Krishna indica sobre todo el rendir el yo inferior al yo superior (Atman), en tener en mente a la divinidad al actuar y seguir el dharma o el deber de cada alma con absoluta confianza. Sacrificando en cada acto, "darás sustento a las deidades y las deidades te darán sustento", dice Krishna, lo cual produce "el supremo bien". En realidad los tres yogas que enseña Krishna están interrelacionados, sólo que cada uno tiene un especial énfasis en algo. Lo cual queda claro cuando Krishna le dice a Arjuna: "Conoce que todas las acciones surgen del Brahman (la base existencial), que tiene su origen en el Imperecedero (akshara-purusha) (el Ser Universal). Por lo tanto el omnipresente Brahman siempre está establecido en el sacrificio". En la tradición védica el mundo es creado y tiene su sostén en el sacrificio del Purusha, el hombre cósmico o espíritu universal, es por esto que todas las cosas están basadas en el sacrificio. Así, actuando sin apego --sacrificando-- el hombre está resonando o sintonizando siempre el origen, la divinidad, lo misteriosamente imperecedero, quien es a fin de cuentas quien realiza el sacrificio cuando el hombre sacrifica: es el sacrificante, el fuego del sacrificio, la oblación, la liturgia, todo es Brahman, etc... Quedan unidos entonces el karma yoga y el jnana yoga en el sentido de que el yoga de la acción está apuntalado en el conocimiento de que lo real es el Brahman y no el ego, y en que la acción desapegada es una forma de sabiduría en acción.

 

La devoción (bhakti yoga)

En el doceavo capítulo de la Gita, después de haberle mostrado su forma universal airada, con el resplandor de mil soles, en la que el universo entero, la creación y la disolución en perenne revolución, se hacen visibles, apenas siendo un fragmento de la totalidad de su ser, Krishna le enseña a Arjuna el yoga de la devoción. La teofanía que le mostró es, de hecho, una suerte de obsequio reservado sólo a sus devotos, justo para aquellos que ven al Señor en todo lados. Krishna explica que el jnana yoga, que tiene como objeto a la deidad impersonal, al Brahman informe, es un sendero sumamente complejo, por lo cual se puede intuir que el bhakti yoga es lo recomendable: "Mayor es la dificultad de aquellos cuya mente se adhiere a lo Inmanifiesto, puesto que lo Inmanifiesto implica un sendero más complejo". Lo Inmanifiesto "es omnipresente, inconcebible, lo más alto, inmóvil y firme". Pero alcanzar esto requiere de una concentración enorme, sin titubeos, restringiendo los sentidos, y de una completa ecuanimidad. Algo digno de los rishis (los videntes inmortales) de épocas remotas.

"Pero aquellos que renuncian a todas las acciones en mí, que fijan su intención en mí --ellos me veneran contemplándome en un yoga sin distracción", dice Krishna, introduciendo su bhakti. Así, los que practican la unión con la suprema personalidad de Dios a través de la veneración, de la fe, de anular su propio ego y su propia importancia personal en el fuego de la divinidad, a quien aman y a quien sirven, estos alcanzan el mismo estado supremo de liberación (moksha) e integración con el Ser absoluto, sólo que con una mayor facilidad.

Krishna enaltece el bhakti yoga: sus verdaderos devotos son aquellos que no se retiran del mundo pero que, estando en él, no muestran preferencia por el placer o rechazo frente al dolor; que no oscilan entre los extremos, no odian ni son presa de euforias; aquellos en los que la inquietud y la intranquilidad ha cesado; aquellos que no buscan la fama o las alabanzas y no les preocupan los reproches de los demás, aquellos que están más allá del apego... El devoto es:

silencioso, contento con lo que surge, quien no tiene hogar, quien tiene una mente estable y llena de devoción --ese hombre me es preciado. Aquellos que veneran este dharma, que es un néctar inmortal, que tienen fe y me enaltecen como el objetivo supremo y se consagran a mí --ellos me son especialmente queridos.

En resumidas cuentas, se trata de enamorarse de la divinidad, de verla en todas partes y dejarse consumir por su fuego.

 

Twitter: @alepholo