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La correspondencia entre los elementos, humores, planetas y tu signo astrológico y temperamento

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/07/2017

Los 4 elementos están vinculados a un planeta, a una estación del año, a un humor, a una fase de la Luna, a un signo astrológico y demás

La astrología occidental ha incorporado aspectos de diferentes tradiciones, fundamentalmente de la cultura babilónica y caldea, egipcia y griega. Se ha basado en un sistema de correspondencias simbólicas y matemáticas, en las que cada planeta y signo del zodiaco tiene una serie de vínculos con cosas que son similares por analogía. El pensamiento astrológico, como el hermético, funciona fundamentalmente a través de la analogía. Parte de la noción de una correspondencia entre el cielo y la tierra, entre dios y el hombre. Central a todo este edificio de vínculos son los cuatro elementos de la naturaleza, que son los componentes de todas las cosas y tienen una clara relación matemática con el círculo, los 360 grados y las 12 zonas en las que se divide la bóveda celeste.

Como explica Marcos Patchett de la Astrology Academy, en la visión tradicional de los elementos de la filosofía griega cada elemento era una combinación de dos cualidades activas, calor y frío, en combinación con dos pasivas, humedad o sequedad. De aquí también se deriva la teoría de los humores en la medicina, según la cual los elementos deben de ser regulados o balanceados y cada persona tienen un elemento y humor predominantes. El fuego está asociado con el calor, el aire con la humedad, el agua con el frío, la tierra con la sequedad. Las interacciones de estos elementos son las que generan, conservan, corrompen y destruyen todas las cosas. El fuego causa el movimiento hacia la generación o creación; inspira, motiva, produce deseo. La tierra causa la conservación o la durabilidad; es sólida, coherente, inmóvil. El aire es necesario para la vida pero produce corrupción, como la humedad produce decadencia. El agua era considerada el elemento asociado con la destrucción, como en el caso de los mitos de los diluvios. Al mismo tiempo, el agua es fértil; y es que los antiguos entendieron que cada cosa contenía su contrario en una relación dinámica. Los signos astrológicos de agua (Cáncer, Piscis, Escorpión) son los más fértiles. El aire está asociado con el humor o temperamento sanguíneo, el agua con el flemático, el fuego con el colérico, y la tierra con la melancolía (la bilis negra). Todo esto lo podemos ver en la siguiente tabla, la cual está en inglés pero que explicaremos a continuación.

Como vemos aquí cada elemento está relacionado con una cualidad, una temporada del año, una edad en el hombre, un temperamento, un humor, una fase lunar y uno o dos planetas. Hay que recordar que en el sistema clásico de la astrología no existen Plutón, Urano y Neptuno. Para completar esta gráfica, a continuación los signos astrológicos y los planetas que los rigen:

 

Luna: Cáncer

Mercurio: Geminis, Virgo

Venus: Tauro, Libra

Sol: Leo

Marte: Aries, Escorpión

Júpiter: Piscis, Sagitario

Saturno: Capricornio, Acuario

 

En la astrología moderna Piscis (agua) pasa al dominio de Neptuno, Acuario (aire) a Urano y Escorpión (agua) a Plutón. Sabiendo esto puedes regresar a la tabla y vincular tu signo con uno de los elementos para descubrir tu fase lunar, tu elemento, tu edad arquetípica, tu estación del año y demás.

Cornelius Agrippa, autor de uno de los libros que lidia con estas correspondencias con mayor profundidad (Tres libros de filosofía oculta), escribe que el fuego constantemente se incrementa a sí mismo y otorga grandeza a las cosas que lo reciben. El fuego se divide en uno superior, cósmico, ligado al Sol, y uno inferior o infernal ligado a Marte. El fuego, como el carisma, puede inspirar o destruir. El aire, dice Agrippa, es un espíritu vital que penetra en todos los seres; los hebreos lo consideran un medio o pegamento entre las cosas: recibe la influencia de los cuerpos celestiales y la comunica. El aire rige la mente. El agua, dice Agrippa, es el elemento de regeneración espiritual y tiene la potencia de destruirlo todo. La tierra es el fundamento de todos los elementos, y contiene la semilla de todas las cosas, es lo que hace que fructifiquen.  

Saturno y Marte eran considerados maléficos; Júpiter, benéfico (al igual que el Sol, aunque en menor medida); y la Luna y Mercurio, neutrales o que toman cualidades de otros. 

 

Con información de Academy of Astrology

Toda experiencia es precedida por la mente; de aquí se deriva una ética y todo un sendero de entrenamiento y purificación en el budismo

Todos los fenómenos están incluidos en la mente. No hay nada que exista fuera de la mente. La naturaleza de la mente en sí misma es la iluminación.

Rongzompa

La sabiduría budista es un cauce abundante, del cual se desprenden diversas corrientes. El budismo ha evolucionado en diferentes escuelas, algunas de ellas muy diferentes entre sí y con prácticas sumamente complejas y elaboradas. Pero todos los "budismos" comparten una noción básica en la cual puede sintetizarse esta religión, que es a su vez también una ciencia de la mente: somos lo que pensamos o, dicho de otra manera, nuestros procesos cognitivos son el mundo que vivimos y, también: aquello en lo que meditamos, en eso nos convertimos. Lo central en el budismo, a diferencia de la ciencia moderna materialista, es la mente; todo lo demás se deriva de ella. Como ha dicho el maestro budista Alan Wallace, si uno no cree que la mente o la conciencia es fundamental --la raíz de todo lo que experimentamos-- uno no puede ser realmente budista. Puesto que evidentemente uno es entonces materialista y el materialismo cae en uno de los extremos que describió Nagarjuna al considerar que no existimos más allá de un soporte material finito, es decir, una forma de nihilismo.

El que quizás sea el texto budista más famoso de la historia, el Dhammapada, inicia con estos versos:

Lo que somos es resultado de lo que hemos pensado;

es fabricado por nuestros pensamientos, está compuesto de nuestros pensamientos.

Si uno habla con una mente contaminada,

el sufrimiento sigue tan seguro

como la rueda de un carro sigue al buey que la empuja.

Si uno habla o actúa con un pensamiento puro,

la felicidad sigue tan seguro

como una sombra que nunca se aleja.

Una traducción alterna empieza:

Toda experiencia es precedida por la mente, conducida por la mente, fabricada por la mente...

Las enseñanzas del Buda histórico, aunque vastas y diversas, generalmente se suelen resumir en las cuatro nobles verdades. A grandes rasgos: el mundo (samsara) es sufrimiento; el deseo (tanha) es la raíz del sufrimiento; el sufrimiento puede cesar a través del desapego y el correcto entendimiento de la realidad (nirvana); existe un sendero o un procedimiento correcto para lograr esto, el cual se conoce como el óctuple noble sendero y que tiene tres pilares: shila (disciplina o ética), samadhi (concentración o pacificación de la mente) y prajna (sabiduría o discernimiento). Ahora bien, este esquema en realidad también tiene como fundamento el principio de que la mente es la raíz del mundo que experimentamos: la mente es el origen del samsara/nirvana.

Particularmente los vehículos del mahayana y del mantrayana harán énfasis en que la raíz de todo este mundo (cuya característica esencial es el sufrimiento), o la causa que subyace a la causa del deseo (el deseo, que es lo que encadena a la conciencia al mundo a través de las inscripciones o improntas del karma), es la ignorancia (avidya, en sánscrito), una mente contaminada o una mente que no funciona de manera óptima. Este no funcionar de manera óptima es esencialmente percibir las cosas de manera dual o separada, como un sujeto separado e independiente de un mundo de objetos; para el theravada el énfasis en el error de la mente estará situado en no entender que las cosas son impermanentes, por lo cual, cuando la mente se adhiere a su objeto y desea (ya sea con avidez o aversión) se condena a sufrir --puesto que el objeto no podrá ser poseído permanentemente y aquello que hoy produce placer mañana producirá dolor. De cualquier manera, esto aparece en el esquema de la originación dependiente de los 12 nidanas o eslabones que originan y mantienen el samsara: siendo el primero la ignorancia, la cual da pie a los sankharas (tendencias; Herbert Guenther traduce "constructores de realidad"), que generan la conciencia, que genera el cuerpo, y así sucesivamente, en un circuito relativamente cerrado... El profesor Elías Capriles explica la causa del sufrimiento desde la perspectiva del mahayana en su libro Budismo y dzogchen

Hay una casua del trishna ["deseo" en pali; tanha]) o sed de existencia (impulso a confirmarnos como un yo sustancial y ansia para colmar una carencia esencial) que el hinayana considera como la causa del dukha [sufrimiento]. Esta causa tanto del trishna como del dukha que de él dimana, es la avidya o marigpa ["ignorancia", en tibetano]: un error o delusión que nos hace tomar lo relativo como absoluto, lo dependiente como independiente, lo insustancial como sustancial, lo condicionado como incondicionado, lo insatisfactorio como susceptible de proporcionar satisfacción, y así sucesivamente.

Así podemos ver claramente que es la mente, en su modo deludido que es el modo default del samsara, lo que origina el sufrimiento. Es por supuesto la mente en su modo correcto o depurado el origen también del nirvana o del estado libre de sufrimiento. Nirvana es sabiduría, samsara es ignorancia --esto no sólo es el fundamento del budismo, sino de casi cualquier camino espiritual (véase, por ejemplo, "La verdad os hará libres" del Evangelio, o el "Conócete a ti mismo" del óráculo de Delfos). La sabiduría, que el budismo mahayana notará que es en realidad el modo prístino de la mente no oscurecida por la transmigración en el samsara, tiene su base justamente en notar y hacerse responsable de que lo que nos sucede tiene su causa en la mente, en nuestros pensamientos y actitudes. Como dice uno de los entrenamientos de la mente del maestro budista Atisha: "Lleva toda la culpa a uno", ese uno que tiene toda la culpa es la propia mente, específicamente la mente ignorante. El esquema, por otro lado, es perfectamente científico en tanto que establece una causalidad que no tiene como base lo material sino que extiende esta noción con primacía a la mente: lo que pensamos y vivimos en nuestro interior no existe en un vacío inerte, no está separado de lo que experimentamos, es una continuidad dinámica e interdependiente. En un sentido fundamental, aunque remoto y hermético en la confusión de miles de vidas vagando en el samsara, los objetos que nos rodean y los eventos que nos suceden son solamente maduraciones de nuestro karma. No alcanzamos a ver la liga de nuestra mente y el mundo, la falsa separación de lo interno y lo externo.

Habiendo registrado en su base la preeminencia de la mente, el budismo desarrolla una serie de técnicas para purificar y llevar a la mente a su estado de funcionamiento óptimo, el cual es igual al despertar o a la realización (la percepción perfecta de las cosas como son). Estas técnicas son diversas y van desde técnicas meditativas como el cultivo de la concentración y la paz mental (el shamata), la visión penetrante (vipashyana) o cosas como meditaciones de compasión (tong-len en la tradición tibetana) y amor bondadoso (metta o maitri), las cuales ayudan a desvanecer la rigidez neurótica del ego. Asimismo se cultivan ciertas virtudes, como los seis o 10 paramitas (perfecciones de la mente-cuerpo) o los cuatro catalizadores que llevan a la mente al despertar, también conocidos como los cuatro inconmensurables.

 

Sigue leyendo:

Los cuatro catalizadores que llevan a la mente al despertar

Meditación de los cuatro inconmensurables: los pensamientos que llevan a las moradas divinas

 

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Por último, un breve apéndice para mencionar que aunque el budismo habla de que todo tiene su origen en la mente, esto es diferente a la noción new age reduccionista de "creer es crear". El budismo hace énfasis justamente en lo no creado, en lo no construido (asamskrita). No se trata de creer en algo para crear una realidad idealizada, sino de purificar la mente para dejar que las cosas sean como son, ya perfectas, libres y luminosas, justamente porque son de la naturaleza de la mente, que es una luminosidad que se da cuenta. En cierta forma la frase "creer es crear" es correcta, ya que la mente es la verdadera "joya que concede todo los deseos" de la que hablan los textos. Pero es necesario matizar, pues es absurdo pensar que con sólo convencernos de que una cosa es de tal manera, la cosa se manifestará en correspondencia a nuestra creencia. En realidad nuestros hábitos son mucho más profundos y poderosos que las creencias superficiales con las que nos identificamos, y son éstos los que determinan nuestra realidad cotidiana. En otras palabras, sólo creemos que creemos lo que decimos que creemos (con lo que buscamos crear nuestro ideal); en realidad creemos otras cosas, miles de cosas que se contradicen, creencias propias de cada una de las miles de identidades que operan en nosotros, arraigadas en nuestra habituación, y que emergen en relación a ciertas causas y condiciones. No hay una verdadera coherencia e integración en nuestra creencia. Si la hubiera, el mundo que experimentamos sería idéntico al mundo que creemos. Para poder crear --o ver con fidelidad-- lo que creemos es necesario realizar primero todo un proceso de deshabituación a través de una re-habituación positiva. El maestro budista Thinley Norbu enseñó que en el budismo se utilizan hábitos positivos para purificar la mente y lograr ir más allá de todo hábito, que es el estado natural, despierto, en el cual ya no ha división entre sujeto y objeto, y por lo tanto ya no hay deseo. Se utilizan creencias positivas, basadas en las experiencias visionarias de la tradición, para llegar a un punto en el que ya no hay ninguna creencia. Se cultiva el karma positivo, para llegar al estado en el que ya no hay más karma.

 

Twitter del autor: @alepholo