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La cómica desesperanza de ‘Maquinaria Panamericana’

Arte

Por: Lalo Ortega - 06/13/2017

Un relato de ironía sobre el México contemporáneo, pero alejado de la sátira que usualmente se hace de nuestra realidad

“La función de la prensa es confortar a los afligidos y afligir a los acomodados”: Mr. Dooley.

Esta máxima de la sátira fue acuñada, atinadamente, por el protagonista ficticio de un cartón publicado cotidianamente en los años de transición entre los siglos XIX y XX. Mr. Dooley, personaje creado por el humorista y escritor Finley Peter Dunne, no sólo condensa el propósito del género (que trasciende su aplicación periodística para adaptarse a diversos medios más) sino que invita a la persona común a preguntarse quiénes, en esa afirmación, son los afligidos y quiénes son los acomodados.

“¡Ahora sí se cayó el sistema!”, se lee en el tagline del póster promocional de Maquinaria Panamericana (Joaquín del Paso, 2016), una clara alusión a las elecciones federales de México de 1988, marcadas por el supuesto fallo de cómputo en la contabilización de los votos, y las resultantes acusaciones de fraude electoral.

Pero a la película, por lo menos en la superficie, le atañe menos el panorama amplio del país y, en vez de ello, se concentra en una tragedia empresarial. El primer largometraje de Joaquín del Paso sigue al negocio homónimo de máquinas de construcción, luego de que su presidente fallece súbitamente en las instalaciones. Tras el suceso, la compañía queda condenada a la quiebra, y sus empleados a la calle.

En medio del caos, viene la transición de poder y la revelación de irregularidades impunes. En el último intento de los empleados por salvar la compañía y sus destinos, se exponen la falta de liderazgo, corrupción, grillas y burocracia endémicas, y quizá hasta entonces inadvertidas, de Maquinaria Panamericana. Todo como un típico día en la prensa mexicana, ya incapaz de confortar afligidos y afligir acomodados.

Este microcosmos empresarial nace de un lugar personal para Joaquín del Paso (se trata también de un homenaje al negocio de su abuelo y padre), pero sus personajes sin duda llenan los arquetipos de la loca realidad macrosocial de México. La excelente cinematografía, aquí a cargo de Fredrik Olsson, inmortaliza el más inquietante de los simbolismos de nuestra sociedad cuando ésta, carente de dirección y sumida en el caos, le otorga un renovado y antitético propósito a sus máquinas de construcción.

Todo aquel que haya percibido el día a día de México como un extravagante sueño, sin duda experimentará una fascinante sensación de déjà vu con Maquinaria Panamericana, un filme que nos enfrenta con la maquinaria inoperante de una nación desprovista de proyecto. Pero, en esta sátira, ¿quién es el afligido y quién el acomodado? ¿Es el estado actual culpa de un paternalismo impotente al que nos aferramos desesperados, o culpa de nuestra propia incapacidad de construir?

Por lo menos, queda disfrutar del efecto mínimo: reír para no llorar.

 

Maquinaria Panamericana se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante todo el mes de junio; puedes consultar las fechas y horarios de su proyección en este enlace.

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios

Del mismo autor en Pijama Surf: ‘Plaza de la soledad’: las mujeres que preferimos ignorar

Genial versión de "The Man Who Sold the World" en un instrumento coreano del siglo VI

Arte

Por: pijamasurf - 06/13/2017

La canción de David Bowie (y luego de Nirvana) cobra otra dimensión bajo la interpretación de Luna Lee

Parecía que "The Man Who Sold the World" ya había dado todo lo que tenía que dar. Es sin duda una de las canciones más populares de las últimas décadas, compuesta por David Bowie en 1970 (fue su primera composición) y luego recreada en una famosa versión unplugged por Nirvana. Pero ahora Luna Lee ha añadido otra dimensión a este clásico contemporáneo, interpretándolo en un gayageum, un instrumento coreano de cuerdas que data del siglo VI. Oriente se encuentra con Occidente, en una rara pero afortunada mezcla.

Y, por si extrañas las vocales, aquí Luna demuestra que lo puede hacer todo, dando un toque dulce aunque un poco perturbador (preferimos la versión acústica, pero no está mal).