*

X

Aprende a practicar tonglen, la meditación budista de la compasión

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/22/2017

La práctica de tonglen es sumamente sencilla y efectiva; es, sin duda, uno de los grandes tesoros contemplativos de la tradición tibetana

Una de las meditaciones más practicadas en el budismo tibetano es la práctica de tonglen (literalmente, significa "enviar y tomar"). La práctica es parte constitutiva de lo que hace a un bodhisattva en el budismo mahayana y enseña "a desarrollar una actitud psicológica de intercambiarse por los otros", este es el heroico orgullo del sendero del bodhisattva, en el que se asume tomar el dolor y el sufrimiento de los demás para purificarlo en el interior y reenviarlo como luz y felicidad. Esto es posible --y no como un mero sacrificio-- porque el bodhisattva ha descubierto su propia insustancialidad, esta libre de apego a un ego y aferramiento a los objetos.

Es difícil saber si una meditación en la que una persona envía a través de su imaginación bienestar y compasión realmente puede afectar a otra persona, si existe una transmisión de energía psíquica o algo similar. Esto no compete resolverse aquí, pero lo que es indudable es que la persona que realiza la meditación se siente mejor y esto es una forma de ayudar a los demás (además de que al sostener como objeto de su meditación a ciertas personas, puede conectar de manera profunda y amorosa con la propia noción que tiene de ellas). El Dalái Lama explica: "Ya sea que esta meditación realmente ayude a los demás o no, de cualquier manera me da paz mental. Así puedo ser más efectivo, entonces el beneficio es enorme". Alan Wallace intuye una forma en la cual de hecho el tonglen puede realmente ayudar a los demás. Se dice en el budismo que la naturaleza de la mente es esencialmente una luminosidad que tiene la capacidad de conocer, y es esta luminosidad la que hace manifiesto el mundo de los fenómeno o apariencias; igualmente esta luminosidad es la fuente de la imaginación, de la imaginación de lo posible, de los mundos futuros y de los estados que viviremos. La luminosidad es lo que será lo actual. Entonces podríamos pensar que, ya que están hechos de la misma sustancia (los fenómenos que experimentamos y nuestra visualización), quizás no es descabellado creer que existe una conexión, un diálogo, una afectación que se establece meditando con la luminosidad de la compasión.

El maestro de meditación Reginald Ray explica la base del tonglen en su Secret of the Vajra World: the Tantric Buddhism of Tibet:

El practicante selecciona a una persona que esta sufriendo, a quien él o ella quiera ayudar. Uno entonces utiliza la inhalación y la exhalación como medios contemplativos: en la inhalación se visualiza el sufrimiento del otro que llega a uno; y en la exhalación uno visualiza toda la bondad que uno posee saliendo para aliviar al otro... esta práctica disuelve la aparente dualidad del sí mismo y del otro, y la resistencia que todos sentimos de tomar el estado de otra persona verdaderamente en nuestro corazón...

Lo que tenemos aquí es una mezcla del método (la compasión) con la sabiduría (la vacuidad) y de hecho una práctica, aunque muy sencilla y establecida en el mahayana, que tiene cierta dimensión tántrica, y la cual es excelente para cultivar el samadhi.

Todas las prácticas del mahayana mezlcan continuamente la sabiduría y la compasión. La sabiduría deshace la solidez de nuestra rígida versión conceptual de nosotros mismos y de los demás; la compasión es el flujo apropiado, natural e inteligente de este proceso de deshacer la solidez. Una vez que uno deja de sentirse como separado de los demás, es natural sentir simpatía por el sufrimiento de los demás y un deseo de ayudarlos.

Se recomienda primero entrar en un estado meditativo; puede hacerse esto contando la respiración o atendiendo a las sensaciones de la respiración por un rato y luego iniciar el tonglen, idealmente primero con una persona a la que le tengamos afecto, para que la práctica sea sincera y podamos producir la sustancia mental de la compasión (karuna, en sánscrito; thugs rje, en tibetano), la cual es una especie de energía o resonancia universal, según el budismo tibetano. Una vez que hemos hecho surgir el estado genuino de compasión podemos aplicarlo a todas las personas, incluso a las que hemos considerado como nuestros enemigos y al mundo en general.

La monja budista Tenzin Palmo da las siguientes instrucciones en este video. Al inhalar, uno se imagina que toma el sufrimiento de la persona o personas: 

chupando como con una aspiradora toda su enfermedad y sufrimiento y las causas de este sufrimiento incluyendo los karmas y lo toma en forma de una luz negra o humo oscuro y lo respira, y esta sustancia entra en el centro del pecho, como en una perla negra que representa nuestra mente egoísta, nuestro aferramiento al yo, esto inmediatamente se disuelve y se transforma en un brillante diamante que representa nuestra verdadera naturaleza, brillantez y claridad. En la exhalación una luz brillante fluye y entra a esa persona que estamos visualizando y se ven completamente inmersos en esta luz, puede ser blanca o dorada, y todas las células de su cuerpo se llenan de todo el bienestar, felicidad, buen karma y la naturaleza última de sabiduría y compasión es absorbida por ellos.

Cuando tú mismo estás enfermo, puedes aplicar esto pensando que todo el sufrimiento de los seres que están sufriendo lo que tú estás sufriendo (cáncer, dolor de cabeza, lo que sea) venga a ti y sea aliviado. Esto no es una forma de masoquismo, sino una forma de alquimia de la compasión basada en la vacuidad, en la ausencia de un yo inherente que sufre. Los resultados son fáciles de ver porque al enfocarnos en el sufrimiento de los demás dejamos de atender a nuestro propio sufrimiento. Se dice que una de las prácticas principales de los lamas tibetanos cuando están seriamente enfermos es el tonglen. Así que no hay que desestimar esta práctica, que es sumamente poderosa y bondadosa.

Puedes complementar esta práctica de manera excelente con la meditación de los cuatro inconmensurables o catalizadores de la mente hacia la iluminación.

Introvertidos y extrovertidos: las diferencias entre Oriente y Occidente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/22/2017

¿Por qué se dice que Oriente es introspectivo y Occidente extrovertido?

¿Cuáles son los rasgos distintivos que caracterizan al pensamiento occidental y al oriental? Ciertamente hay muchas diferencias y otras similitudes, pero probablemente la forma más clara de diferenciar a estas culturas --que, por cierto, no son monolíticas ni existen de manera independiente-- es una preferencia y una tendencia cognitiva a la extroversión en el caso de Occidente y una introversión o introspección en el caso de Oriente (especialmente en las civilizaciones que nacen de la gran diseminación de las religiones del valle Indo). Occidente mira y va hacia fuera; Oriente mira y va hacia dentro. Occidente busca la exploración y la conquista del mundo externo; Oriente busca la exploración y conquista de la propia mente.

Esta distinción ha sido hecha por numerosos teóricos, maestros espirituales, sociólogos, filósofos y demás, y es explicada con bastante claridad en la conferencia que impartió Marco Antonio Karam en la Universidad Nacional Mexicana, para el primer coloquio de estudios asiáticos:

Occidente es extrovertido porque parte de la noción de que nuestra experiencia es determinada por los estímulos sensoriales, los estímulos a los que nos vemos expuestos

Oriente es introspectivo porque contempla que es la percepción que tenemos del mundo la que determina la experiencia que en el mundo tenemos y no es el mundo en sí mismo el que determina esa experiencia.

Marco Antonio Karam, quien es director de la Casa Tíbet en México, agrega que el hecho de que en Oriente se dé primacía a lo interno no quiere decir que no se acepte "que el mundo influencia nuestra experiencia, sino sólo que no la determina... lo que ulteriormente la determina no está afuera sino adentro", lo que determina nuestra experiencia son "los modelos cognitivos con los que nos relacionamos y vinculamos con el mundo de la experiencia". Aquí debemos mencionar que Oriente y Occidente finalmente parecen encontrarse, particularmente en las coincidencias entre la física cuántica y las tradiciones contemplativas de India. En la física cuántica se ha puesto en duda la existencia de una realidad objetiva independiente de nuestra observación de la misma, algo que ha sido entendido por el budismo y el hinduismo, entre otras tradiciones, donde la observación es igual a la designación conceptual de la realidad. Werner Heisenberg dijo que no observamos la naturaleza tal cual es, sino observamos la naturaleza expuesta a nuestros métodos de interrogación; Marco Antonio Karam explica que en Oriente se sostiene que no observamos las cosas como son sino como somos nosotros. 

Karam utiliza un ejemplo que ilustra el problema de creer que el mundo externo tiene una realidad intrínseca, independiente y permanente. Karam pone el ejemplo de un sueño en el que vemos una mujer en bikini. Cuando tenemos la experiencia de desear a una mujer en bikini que aparece en nuestros sueños, creemos que esa experiencia de deseo está determinada por la apariencia en sí misma, y olvidamos que la mujer en bikini no tiene una existencia objetiva sino que ha sido producida por nuestra mente, que es sólo un sueño. Sin embargo, en el estado de vigilia, una mujer en bikini tampoco determina por sí misma la experiencia que tenemos; el deseo no es intrínseco a la mujer en bikini, algo que podemos ver en el hecho de que esta misma apariencia --la mujer en bikini-- no produce deseo en todos los animales, ni en todas las personas, y ni siquiera en una misma persona en diferentes momentos. Otro ejemplo similar es puesto por Elías Capriles: un hombre es acariciado por una decena de mujeres, que en principio considera sumamente hermosas, con una pluma de ganso. Esto parece ser altamente placentero, pero ahora imaginemos que es acariciado así por 49 días de manera ininterrumpida; entonces, ese enorme placer deviene en tortura. En realidad el placer es sólo sensación aceptada y el dolor sensación rechazada, dice Capriles. Hay una interpretación en juego, los estímulos no son agradables o desagradables en sí mismos y, por lo tanto, el placer y el dolor no provienen del mundo externo. Como ha dicho otro maestro budista (que es también físico), Alan Wallace, no existen átomos azules o verdes, o melodiosos o apestosos, es la interpretación de nuestra mente la que permite que emerjan estas cualidades sensoriales que no existen de manera independiente. 

Lo anterior es importante pues pensar que el placer y el bienestar provienen del mundo externo es una causa fundamental del sufrimiento. Al atribuirle permanencia a algo que es impermanente o inmutabilidad a algo que es esencialmente mutable nos aseguramos de perpetuar la insatisfacción y el sufrimiento. Lo único que podemos saber de la realidad sin lugar a dudas es que todos los estímulos, el mundo material mismo, son siempre impermanentes. Lo único que no cambia es el cambio. De esta noción, en gran medida, surgen todas las técnicas contemplativas del dharma como métodos para entrenar a la mente para no reaccionar con apego o avidez ante los fenómenos y sus estímulos, de los cuales no se tiene control y los cuales son impermanentes y en cierta forma ilusorios, ya que no tienen una existencia intrínseca independiente de nuestra propia cognición de los mismos. 

Esta particularidad, el poder del mundo externo de Occidente y el poder de lo interno de Oriente, puede observarse en el hecho de que la tecnología y la ciencia occidental se han esparcido por todo el mundo, mientras que en las últimas décadas estamos presenciando una expansión del yoga, la meditación y demás ciencias contemplativas orientales en Occidente.