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¿Qué hay más importante que el bienestar de tu cuerpo? Acompañar estos alimentos de ciertos ejercicios mejorará sustancialmente la flexibilidad de tus músculos

El cultivo del cuerpo en Occidente ha seguido caminos sinuosos y cabría decir que incluso un tanto extremistas. La idea platónica de que el cuerpo es la cárcel del alma persistió, aun cuando en la Grecia antigua, incluso dentro de las ideas de Platón, el cuidado del cuerpo era un elemento imprescindible en la consecución del bienestar general. Más tarde la doctrina cristiana retomó en parte esa consideración negativa del cuerpo y lo miró más bien como vehículo de pecado y tentación, y entonces creó todo un aparato ideológico para mortificarlo. En tiempos más recientes el cuerpo se ha convertido en una mercancía propia de la sociedad del espectáculo en que vivimos, y entonces parece ser que el único propósito de cuidar de nuestro cuerpo es presumirlo en un estante de exhibición.

Sin embargo, existe un camino alternativo a todas esas posturas. Es posible e incluso necesario darnos cuenta de que la dualidad cuerpo/mente o cuerpo/espíritu es falsa y que uno no puede existir sin lo otro o, dicho de otro modo, que ambos son elementos inseparables de lo que somos. Nuestra identidad, por ejemplo, eso que pensamos cuando respondemos a la pregunta ‘¿Quién soy?’, la hemos elaborado con ayuda de nuestra razón, pero al mismo tiempo se ha formado a partir del cuerpo que tenemos y que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida.

En ese sentido, quizá sea momento de comprender que el cuidado del cuerpo no tiene por qué obedecer a otros fines más que nuestro propio bienestar. No es cierto que sólo cierto tipo de personas tengan “derecho” a cultivar su cuerpo (deportistas, modelos, actores, etc.), sino más bien podríamos empezar a considerar este asunto desde una perspectiva más integral, como si reuniéramos las piezas de lo que somos y que a veces se encuentran dispersas y, así, nos demos cuenta de que la salud, la felicidad, la plenitud, la satisfacción con nuestra vida, también implica cuidarnos físicamente.

Para contribuir en la construcción de esa alternativa, en esta ocasión quisimos compartir un breve listado de alimentos que favorecen la flexibilidad de nuestro cuerpo, una característica que solemos descuidar incluso si realizamos ejercicio habitualmente, preocupados casi siempre más por la obtención de fuerza muscular o de condición física.

La flexibilidad, sin embargo, también es muy importante. En cierto modo puede decirse que todas las actividades de nuestra vida requieren de flexibilidad, desde levantarse de la cama hasta las relaciones sexuales, y que cuando ésta falta, las realizamos con mayor dificultad e incluso con riesgo de algún accidente. Asimismo, la pérdida de flexibilidad que resulta de un estilo de vida sedentario es un factor determinante en el desarrollo de dolores articulares, de espalda y otros similares que erróneamente se consideran “comunes” del proceso de envejecimiento.

Compartimos entonces esta lista de alimentos, los cuales recomendamos acompañar con rutinas cotidianas de ejercicios físicos que distiendan los músculos para flexibilizarlos (yoga, pilates, estiramientos, etcétera).

 

1. Fruta local de temporada

La fruta es una de las mejores fuentes de nutrimentos para nuestro cuerpo, con múltiples ventajas: suelen digerirse con facilidad, las vitaminas y azúcares que nos aportan son naturales y además su cultivo puede estar asociado a prácticas que no dañan el entorno. En este sentido, sugerimos consumir las frutas locales y de temporada que encuentres en el lugar donde vives, pues aquellas que proceden de lugares lejanos o que no son propiamente de la estación del año en que nos encontramos, usualmente están asociadas con prácticas agrícolas nocivas para el suelo e incluso para nuestra salud corporal.

 

2. Semillas de ajonjolí

El ajonjolí, también llamado sésamo, es uno de los ingredientes más usados en la cocina ayurvédica, donde se le considera una especie de tónico con beneficios para la piel, la virilidad y la fertilidad. Una de sus principales propiedades es que puede considerarse una gran fuente de calcio que, además, es fácilmente digerible. 1/4 de taza de semillas de ajonjolí crudas nos aporta 351mg de calcio, mientras que una taza de leche descremada aporta 316.3mg y una taza de leche entera 291mg. El calcio, como sabemos, es indispensable para la densidad de nuestros huesos.

 

3. Jengibre

Tanto la cocina como la medicina tradicional de Oriente, en sus distintas culturas, comparten una alta estima por el jengibre. Del jengibre se conocen sus beneficios a la digestión, pero en el caso de la flexibilidad de los miembros es útil sobre todo por su cualidad de antiinflamatorio. Una taza de infusión de jengibre habitualmente, o su inclusión como ingrediente al cocinar, sin duda fortalecerá varios aspectos de nuestra salud.

 

4. Cúrcuma

La cúrcuma es una suerte de panacea para la tradición espiritual de Oriente. Entre los yoguis se le usa para distender músculos y ligamentos e incluso para curar ciertas heridas. Otros estudios han revelado que se trata de un poderoso antioxidante, es decir, un alimento que por su composición química y la reacción que provoca en nuestro cuerpo, es capaz de neutralizar los radicales libres que resultan de procesos fisiológicos naturales y que entorpecen la regeneración celular. El consumo de cúrcuma mejora la circulación sanguínea, con lo cual nuestros músculos pueden tener una mejor oxigenación.

 

5. Vegetales

Entre los numerosos beneficios de una dieta rica en vegetales se encuentra, en el caso específico de la flexibilidad muscular, el aporte de silicio que muchos de éstos proveen. El silicio es un componente químico indispensable en la construcción de tejido conjuntivo en sus distintos tipos: óseo, cartilaginoso, adiposo y otros; de ahí la importancia de incluir vegetales ricos en silicio si deseamos aumentar la flexibilidad de nuestro cuerpo. Espárragos, pepino, espinacas, coliflor, lechugas, alfalfa y otros vegetales de hojas verdes poseen silicio en abundancia.

 

6. Leguminosas

Las proteínas son la base química de nuestros músculos, y las leguminosas son una excelente fuente a la que podemos recurrir en nuestra dieta diaria. Frijoles, lentejas, habas y garbanzos son algunos ejemplos de leguminosas que te ayudarán a consolidar tu masa muscular. En este caso, además, tienen también a su favor que a diferencia de las carnes rojas, los lácteos o los pescados grasos (que también se consideran fuente de proteína), su digestión es mucho más fácil y sus niveles de grasa son menores. Los alimentos ricos en proteína tienen además la ventaja de que mitigan el hambre y dan la sensación de saciedad con mayor provecho que, por ejemplo, los carbohidratos, pues aun cuando éstos parece que nos sacian mejor, en el corto y mediano plazo nuestro cuerpo los convierte en reservas de energía (es decir, grasa corporal), sobre todo si nuestro desgaste físico diario es modesto o casi nulo.

 

7. Aguacate

Entre otros aportes que puede brindar a nuestro cuerpo, el aguacate se distingue por su nivel elevado de omega 3, un grupo de ácidos grasos que nuestro cuerpo no puede generar y por lo mismo obtiene de fuentes externas. El omega 3 es crucial para el desarrollo cerebral y la salud nerviosa, pero igualmente se ha demostrado su beneficio en la prevención de enfermedades cardiovasculares y otras como la arterioesclerosis. En cuanto a la flexibilidad muscular, el consumo de aguacate está relacionado con el efecto positivo que tiene sobre la circulación sanguínea.

 

8. Agua pura

Sabemos que el agua es indispensable para nuestro cuerpo, pero a veces no nos detenemos a preguntarnos por qué o hasta qué grado. En el caso del tejido muscular, baste decir que el 75% de su composición es agua, lo cual nos da una primera idea de por qué siempre necesitamos estar bien hidratados, y más aún si lo que buscamos es flexibilidad en nuestros músculos.

 

BONUS: Alimentos a evitar

Harinas y azúcares refinados, alcohol, carnes grasas: salvo que nuestra actividad física sea realmente elevada (digamos, la de un deportista de alto rendimiento); lo más recomendable es evitar este tipo de alimentos, que usualmente aportan más calorías de las que gastamos y, por lo mismo, hacen que nuestro cuerpo convierta el sobrante en reservas energética en forma de grasa, mismas que nos restan movilidad y flexibilidad. En la medida de lo posible reduce su consumo y, como decíamos, acompaña una dieta saludable de una rutina constante de ejercicio físico.

 

¿Qué te parece? ¿No crees que el bienestar es un fin deseable al decidir cuidar de nuestro cuerpo? 

 

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Muy poco se sabe de la vida de Giambattista Tiepolo, pero a luz de la dedicación con que realizó su obra es posible reflexionar sobre el significado que damos actualmente al trabajo

Es posible que para muchos de nosotros el nombre de Giambattista Tiepolo sea desconocido. A diferencia de otros pintores, Tiepolo no pasó a la historia como uno de esos artistas geniales cuya obra se reproduce en tazas y calendarios, o que forma parte de ese catálogo más o menos heterogéneo y amateur de referencias varias que llamamos cultura general. Sobre Tiepolo, además, no flota tampoco el aura de la vida extraordinaria propia del artista; la suya, por el contrario, parece que ocurrió sin sobresaltos, en una suerte de tránsito sencillo o natural entre su taller en Venecia y los palacios adonde lo llamaron para trabajar.

Podría decirse que esto no es importante, pero lo cierto es que en una época como la nuestra, existe cierta tendencia a poner más atención en la vida que en la obra de una persona. De hecho, con cierto ánimo alarmista, quizá incluso podríamos considerar como una hipótesis que ahora ni siquiera hay interés por realizar obra, al menos no como sucedía hasta hace unas décadas y, por supuesto, en otros siglos. La idea de una empresa creativa como En busca del tiempo perdido (escrito en poco más de 50 años), los frescos de la Capilla Sixtina o la 9ª Sinfonía (que a Beethoven le tomó 7 años componer), tiene algo de inadmisible para nosotros que vivimos tan instalados en la tiranía de lo instantáneo y la sed incesante de la recompensa inmediata, distraídos continuamente, adictos a los estímulos que el exterior nos ofrece, como dulces a un niño. Trabajamos, pero únicamente bajo la lógica que se nos ha impuesto, y muy pocos se han atrevido a romper esa regla del tiempo para crear la suya, en donde, por ejemplo, pueda ser posible dedicar años y años a un proyecto sin sentir la necesidad apremiante de obtener una ganancia inmediata.

En este sentido, la figura de Tiepolo ofrece al menos una lección sumamente atractiva y conmovedora con respecto a la relación entre trabajo y vida. Si seguimos la lectura que Roberto Calasso hace en su libro alusivo al pintor, El rosa Tiepolo, nos encontraremos con un hombre que, como hemos dicho, carece del menor asomo de incidente biográfico, como si toda su vida hubiera transcurrido sin ningún otro interés más allá de la pintura.

¿Pero por qué esto puede ser extraño? Quizá porque, a la luz de nuestros hábitos contemporáneos, no podemos creer que algo pueda hacerse sencilla y exclusivamente. En nuestro trabajo, apenas llegamos y buscamos de inmediato otra cosa qué hacer: escuchar música, hablar con un amigo por mensajería instantánea, tener abierto el feed de nuestras redes sociales… Hacemos lo que debemos, sin duda, pero no totalmente entregados a ello, sino a medias, con nuestra atención dividida, con nuestros recursos fragmentados. ¿Qué sería de nuestro trabajo si tuviéramos la disciplina de estar plenamente enfocados en su realización?

Se dirá, casi como reacción inmediata, que si estamos distraídos en nuestro trabajo, o en busca constante de un estímulo paralelo a las labores cotidianas, es porque éste no nos gusta o no nos entusiasma por completo. Esta, sin embargo, es sólo una respuesta aprendida por una generación que se formó en la necesidad aparente de que todo debe ser siempre emocionante y todo debe ser siempre satisfactorio. ¿Por qué no sería posible trabajar y ya?

El ejemplo de Tiepolo, en este sentido, es revelador. Más allá de la libertad de interpretación que permite la inexistencia de datos biográficos, su obra es testimonio de la posibilidad de esa entrega concentrada al trabajo, sin adjetivos de ningún tipo. No el trabajo elegido, ni el trabajo impuesto, ni el trabajo obligado, ni el trabajo soñado. El trabajo y nada más.

Una de las pocas reflexiones que Tiepolo dedicó al arte revela ese pragmatismo que, incluso en una actividad creativa, es posible tener frente al trabajo. Según una nota más bien marginal que Calasso recupera en su libro, a Tiepolo alguna vez se le escuchó decir que “[el] Pintor debe siempre tender a lo Sublime, a lo Heroico, a la Perfección”, pero sólo porque de esa manera su talento se consolidará lo suficiente como para atraer riqueza, fama y, por encima de todo, más trabajo.

Y no es que Tiepolo fuera ajeno a dichas categorías (lo Sublime, lo Heroico y la Perfección), pero si seguimos la lectura que Calasso hace de su obra, podemos colegir que justo porque las entendió a plenitud, comprendió también que si tenían un lugar en su época era el de cualidades aledañas a su trabajo, pero no encima de éste.

Para nosotros que aprendimos a necesitar trabajos “creativos y “desafiantes”, para quienes persiguen la fantasía de que el trabajo debe conllevar la satisfacción de la vida, Tiepolo parece ofrecer una alternativa quizá sencilla pero, por eso mismo, olvidada en nuestro horizonte: la posibilidad de trabajar sin distracciones, sea alguna de éstas nuestro feed de Facebook o la ensoñación peregrina de tener “un trabajo que importe”. 

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

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