*

X

Un mundo sin trabajo está por venir (y podría ser una utopía o un infierno)

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/01/2017

Los avances tecnológicos podrían liberarnos del trabajo; ¿qué hace falta para alcanzar esa utopía?

La mayoría de nosotros se ha preguntado alguna vez qué haríamos si no necesitaramos trabajar. Una mañana despiertas y te ganas la lotería, por ejemplo. Podrías comprar varias casas, entretenerte con lujosos viajes alrededor del mundo o escoger a los jugadores que formaran parte de tu propio equipo de futbol. Lo más tentador de estas fantasías es la libertad que nos traería poder hacer lo que queramos, como lo queramos, cuando lo queramos.

Pero imaginemos cómo cambiarían estas fantasías si esa libertad se extendiera a todo el mundo. Digamos que un día, seguramente no mientras vivamos, pero en un momento no tan lejano, las máquinas podrán hacer la mayoría de las tareas que realizan las personas. En ese punto, un mundo sin trabajo sería posible. Si todos, y no sólo los ricos, tuvieramos robots bajo nuestro mando, el poder de esa tecnología nos liberaría de la necesidad de ocuparnos para poner el pan sobre la mesa.

Si la tecnología continúa avanzando como hasta ahora, eventualmente los robots harán todos nuestros trabajos. Necesitamos comenzar a planear una forma de evitar un colapso social. Tenemos que resolver qué haríamos con nosotros y con los demás. Ninguna riqueza o bienestar nos liberará de las contradicciones de la condición humana. La inteligencia artificial aplicada a cualquier propósito no hará que mágicamente nos llevemos bien unos con otros. Asumamos que hay que comenzar a construir instituciones sociales que sobrevivan a un cambio tecnológico de ese tamaño: la obsolecencia de los trabajadores humanos.

Se dice que, para el 2021, los robots eliminarán el 6% de los trabajos en Estados Unidos. De cualquier manera, los que estamos vivos hoy seguiremos trabajando hasta el retiro. Aun a generaciones de distancia de ver niñeras robot o androides multiusos, la revolución digital ya comienza a revolver la marea.

Economistas y políticos discuten sobre los problemas que han sufrido los trabajadores en décadas anteriores: aumento salarial insuficiente, crecimiento de la desigualdad y presupuestos destinados casi por completo a generar beneficios que nunca se transforman en salarios. El principal culpable es la tecnología: globalización, rutinas laborales automatizadas, equipos de trabajo reducidos para cumplir tareas que anteriormente requerían a miles de personas. El resultado es un bocado que a la economía le resulta difícil digerir.

Ante la creciente competencia y falta de opciones, a los trabajadores sólo les queda aceptar trabajos con poca paga. Los mercados aprovechan esto y se contrata a personas para puestos que bien podría realizar una máquina. Ninguna industria sentirá necesidad de cambiar a sus trabajadores por robots mientras los trabajadores cobren poco. Irónicamente, los primeros síntomas de una era de abundancia tecnológica se encuentran en la creciente economía basada en empleos mal pagados y de baja productividad. Esto demuestra cuán complicado será construir una sociedad sin trabajo. Uno de los retos más difíciles no se encuentra en la elaboración de dicha tecnología sino en la remodelación de una sociedad en la que pueda utilizarse benéficamente. Hasta ahora, estamos fallando.

Para lograr este estado debemos modificar el papel que juega el trabajo en nuestra sociedad y encontrar posibles sustitutos. El trabajo sustenta nuestro sistema económico y administra el poder adquisitivo que cada uno tiene. Quizá en el futuro podremos deshacernos del dinero, pues todos podrían ver sus necesidades cubiertas sin ningún costo.

El trabajo no sólo da beneficios económicos, también está profundamente ligado a la identidad y propósito vital de las personas. Si el papel que juega pierde importancia, se volverá necesario buscar otras fuentes que den sentido a la vida de la gente. Algunos podrán encontrar esto por sí mismos a través del trabajo voluntario, la realización de oficios o la especialización de pasatiempos, pero otros se encontrarán por completo perdidos.

Mientras ser asalariado sea la única forma de contar con dinero para pagar bienes y servicios, esta realidad será lejana. Sin ningún cambio social profundo, sustituir máquinas por trabajadores sólo hará a los dueños de las fábricas más y más ricos. Sacar a la gente de sus trabajos implicará encontrar nuevas maneras de hacerles llegar dinero. Un sistema universal de beneficios sociales (vivienda, educación, salud), una paga constante sólo por nacer o un presupuesto de por vida surgen como soluciones viables.

Esto no se logrará mágicamente mientras las máquinas ganan poder. La acción política es la vía para realizarlo. Aumento del salario mínimo, mayores subsidios públicos, declarar un ingreso mínimo u obligar a las compañías a repartir sus ganancias con los trabajadores son algunas soluciones a corto plazo.

Las cosas comienzan a complicarse aún más. Los cambios sociales tan profundos toman mucho tiempo en emerger y consolidarse. La paga gratuita no es necesariamente lo que los trabajadores buscan. Los sindicatos tendrían que enfocarse en romper el vínculo entre las compensaciones y el trabajo. Pero estos cambios podrían desalentar a muchos para emprender o llevar a cabo cualquier clase de actividad remunerada.

Los trabajadores se sentirán incómodos con reformas diseñadas para restar su relevancia económica, y no serán los únicos en oponerse. Una redistribución de ese tamaño implica recibir, pero también tomar. Las tensiones entre grupos minoritarios podrían crecer, el malestar y resentimiento pueden tomar nuevas formas, incluso contra un gobierno cuyas tareas podrían reducirse aún más. Muchos ricos estarían molestos de tener que compartir con otros.

Si todos recibiesemos beneficios de esta clase, tendríamos que ajustar criterios para poder retribuir a la sociedad de alguna manera. La redistribución de la riqueza implica derribar prejuicios contra grupos étnicos y raciales diversos. Modelar una utopía en la que el bienestar general, el sentido de vida y la paz no se mantengan a partir de la exclusión o la represión no es tarea fácil. Algunas señales de que podríamos avanzar hacia allá han aparecido, pero las primeras negociaciones parecen desalentadoras. Quizá dentro de 2 siglos podremos celebrar que todo salió bien pero seremos nosotros, quienes vivimos y trabajamos actualmente, los que daremos los dolorosos primeros pasos intentando no destruir el mundo en el proceso.  

Te podría interesar:

10 lecciones que la gente que trabaja demasiado aprende muy tarde en la vida

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/01/2017

Si tu vida transcurre en el trabajo, quizá sea momento de hacer una pausa para reflexionar al respecto

El trabajo es parte de la vida, más o menos inevitablemente, pero ello no quiere decir que se convierta en tu vida, al menos no en el sentido en que termine por sofocarte y negarte la posibilidad de hacer otras cosas. Trabajar es necesario, pero también ver a los amigos, sostener una relación amorosa, cuidar de la familia, atender la salud propia, preocuparnos por nuestro entorno inmediato y mediato y más.

Hace unos días, Bernard Marr publicó a través de Linkedin, la red social enfocada en los vínculos laborales, un interesante listado sobre las cosas que, con cierta frecuencia, muchas personas dejan de lado por favorecer su trabajo –paradójicamente, cosas tan importantes como su propia felicidad–.

A continuación las compartimos, con una glosa propia. Si conoces alguna otra, no dudes en agregarla en la sección de comentarios de esta nota.

 

1. La vida es corta

Esta es la lección más elemental, la más obvia y sin embargo también la más postergada. Aunque sabemos que nuestro tiempo de vida es no sólo limitado, sino también breve, vivimos como si no fuera así, como si de verdad fuéramos a tener tiempo para trabajar y después para vivir y disfrutar. ¿Y si no? ¿Y si tu tiempo de vida se agota sin que nunca hayas vivido de verdad?

 

2. Los vínculos importan

Para algunos el trabajo se traduce en aislamiento. El tiempo que dedican a actividades laborales es tanto, que descuidan al menos un aspecto vital importantísimo: las relaciones personales. ¿Te imaginas que, a la vuelta de los años, te levantes de tu escritorio y no tengas con quién compartir tu vida?

 

3. No vale la pena perder la salud persiguiendo el éxito, la fama o la riqueza

Como sabían los antiguos, el dinero, la fama o el éxito son como fantasmas en pos de los cuales uno puede ir sin alcanzarlos, y desperdiciar la vida en ello. Trabajar más tiempo del humanamente saludable no vale la pena si a cambio pierdes tu bienestar.

 

4. Lo mejor de tu vida no transcurrirá a través de una pantalla

Por siglos, el ser humano evolucionó gracias al contacto entre semejantes, a la empatía, al cuidado de los demás y a la capacidad de ofrecer afecto. Sólo recientemente hemos sido seducidos por el brillo de las pantallas, el cual nos hace creer que la vida transcurre entre circuitos y paquetes de información. Pero, si lo piensas un poco, aquello significativo de tu existencia nada tiene que ver con un dispositivo electrónico.

 

5. Nunca renuncies a aprender

Quizá esto suena como un lugar común, pero no por ello es menos falso. El aprendizaje nos mantiene en contacto con el mundo, además, desde una posición al mismo tiempo humilde y ambiciosa, pues al aprender reconocemos que la vida está agotada para nosotros.

 

6. Diversifica

El mundo es más vasto de lo que la estrechez de nuestro campo visual nos hace creer. Mirar hacia nuevos horizontes casi siempre tiene como consecuencia una ganancia.

 

7. Nadie consigue nada solo

Por más que el discurso del “self-made man” nos haga creer que basta nuestro esfuerzo y nuestra voluntad para ganar un millón de dólares, lo cierto es que, de nuevo, siglos y siglos de historia demuestran lo contrario. La fuerza de una idea, un proyecto, una compañía, un país, etc., está determinada, en buena medida, por el esfuerzo colectivo que la sostiene. Existen liderazgos, creatividad, empeño, y esos sin duda tienen un marcado cariz individual, pero los cuales no llegan lejos sin la solidaridad de otros.

 

8. Preocuparse no soluciona nada

La angustia, la ansiedad, el temor sólo nos mantienen en el mismo lugar en donde esas emociones se originaron. Si quieres hacer algo por acallarlas, es necesario moverse, hacer algo, ocuparte de aquello que las está causando, no sólo preocuparte.

 

9. El fracaso no existe

En esta época en que la dicotomía entre éxito y fracaso está tan presente, todo “fracaso” se vive como una especie de non plus ultra, un punto final de la vida después del cual ya no se puede hacer nada, sin importar en qué momento de la existencia nos encontremos. Nada más falso. El “fracaso” es el resultado de una suma de circunstancias en las que no siempre la voluntad personal es la más importante. A veces sí, pero no siempre, y en cualquier caso no es el fin de la existencia.

 

10. La felicidad es un camino, no un destino

Esta es una frase que de tan usada podría parecer que ha perdido sentido, pero la verdad es que éste se mantiene. ¿Cuántas personas viven pensando que mañana, dentro de un año o dentro de 10 o 40 finalmente tendrán todo lo necesario para ser felices? Si no puedes ser feliz ahora, con lo que tienes, muy posiblemente tampoco lo serás mañana, cuando tampoco tengas lo que creías que te haría feliz.

 

También en Pijama Surf: Date unos minutos para recordar junto a Krishnamurti que no todo en la vida es trabajo (VIDEO)