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Este es el origen del uso de imágenes sexys de mujeres para vender cosas (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/16/2017

Así empezó el matrimonio entre la publicidad y el sexo (y la objetificación femenina)

La publicidad y el sexo parecen estar ligados indisociablemente, pero esto no siempre fue así. Diferentes historiadores coinciden en que fue el ilustrador litográfico Jules Chéret el responsable de sexualizar la publicidad, creando una revolución en el París de 1860 con sus coloridos pósters en los que aparecían mujeres apenas vestidas, lo que en esa época era algo muy provocador.

Tim Wu, autor del libro The Attention Merchants, considera que Chéret detonó uno de los momentos claves no sólo de la publicidad sino de lo que llama la industria de la atención (de captar la atención del público de cualquier forma, para capitalizarla). Según Wu, Chéret "entendió que había pocas mejores formas de obtener la atención masculina que desplegando imágenes de mujeres con poca ropa". Sus pósters "mostrando hermosas mujeres con prendas provocativas refocilándose sobre campos de color vibrante" fueron la histórica innovación que hoy en día sigue siendo el recurso predilecto de los publicistas, especialmente cuando falla la imaginación.

Nicholas D. Lowry, de las Swann Galleries de Nueva York, explica que "Chéret trajo el sexo a la publicidad. Pobló sus pósters con estas hermosas y sexys mujeres --la mayoría de ellas rubias y pelirrojas-- para vender jabón, aceites para lámparas, jarabes para la tos y muchas cosas más. Eran sexys, ligeras, sin preocupaciones". Chicas boyantes que hacían sentir bien y, quizá sin saberlo en ese entonces, ya ligaban el deseo sexual con el deseo de adquirir un producto, un mecanismo inconsciente que luego explotaría Ed Bernays, el sobrino de Sigmund Freud.  

"Alguien alguna vez describió a las chicas de Chéret siendo como champagne que sale de una botella". Esta sexy efervescencia en ese entonces fue enormemente influyente. Chéret es además considerado uno de los padres de los afiches o del arte de los pósters, y fue pensado en su momento como uno de los padres de la liberación femenina --lo cual hoy resulta paradójico. La felicidad voluptuosa de las mujeres de sus pósters, en su momento parecía algo propio de la libertad femenina de sacudirse las ataduras del moralino patriarcado en una efervescencia incontenible. Hoy esto, habiendo sido explotado y llevado a un nivel mucho más grotesco, es considerado uno de los principales obstáculos para la libertad de las mujeres, en tanto que el cuerpo femenino es constantemente objetificado. 

A continuación una pequeña muestra de los pósters de Chéret:

 

 

 

 

También en Pijamasurf: El deseo sexual objetifica a las personas: Kant, tantra y feminismo

Estas 4 expresiones demuestran que las palabras más sencillas son a veces las más elocuentes

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/16/2017

Los detalles más mínimos son a veces los más memorables, y estas palabras así parecen demostrarlo

El lenguaje es como una constelación. A la distancia lo vemos como un todo, un universo autosuficiente y que no precisa más que de sí para continuar existiendo. Sin embargo, al igual que sucede con la exploración astronómica, conforme nos acercamos a esa totalidad, descubrimos detalles que antes escapaban a nuestra vista. Vemos sistemas organizados en torno a estrellas específicas, planetas de órbitas insomnes, astros moribundos y otros apenas nacientes. El lenguaje es un poco así: palabras que hacen girar a otras a su alrededor, palabras llenas de luz, palabras que incluso los exploradores han olvidado… Y entre éstas, palabras sencillas que, inesperadamente, son tanto o más expresivas que aquellas que podríamos calificar de grandilocuentes.

A continuación, en un ejercicio que algo tiene de taxonomía, compartimos cuatro expresiones que a pesar de ser algunas de las más sencillas en español, dicen mucho más de lo que esperaríamos.

Te invitamos a conocerlas y a agregar otras que conozcas en la sección de comentarios de esta nota.

 

Esta palabra puede parecer muy simple, pero en la vida no es del todo sencillo aprender a usarla. Algunos dicen Sí a todo, aun cuando quizá debieran utilizarla con mayor conciencia. Otros, en cambio, suelen vivir instalados en el No, en la resistencia al flujo natural de la vida: decimos No a una separación, al dolor, al sufrimiento, y a veces incluso a la felicidad, al placer y al amor. En Walking Life, la película de Richard Linklater (2001), uno de los personajes sostiene esta hipótesis sobre las implicaciones de decir Sí a la vida:

"De hecho, sólo existe un instante, y es este, y es la eternidad. Es el instante en el cual Dios plantea una pregunta, que es, básicamente, ‘¿Quieres, ya sabes, ser uno con la eternidad? ¿Quieres estar en el cielo?’. Y todos respondemos: ‘No, gracias. No ahora’. De tal modo que el tiempo es ese constante decir ‘No’ a la invitación divina. Quiero decir, eso es el tiempo. Es decir, no hay más en el 50 a. C. que en el 2001. Sólo está este instante, y es ahí donde siempre estamos". Y después ella me dijo que, de hecho, esa es la narrativa de vida de todas las personas. Que, ya sabes, más allá de las diferencias fenoménicas, no hay sino una historia, y esa es la historia de pasar del ‘No’ al ‘Sí’. Toda lo vida es un ‘No, gracias; no, gracias; no, gracias’, hasta que finalmente es un ‘Sí, me rindo. Sí, acepto. Sí, lo abrazo’. Ese es el viaje.

 

Gracias

Esta es probablemente una de las palabras más sencillas de todos los idiomas y también una de muchos efectos en nuestra vida diaria. El agradecimiento es el terreno donde la compasión echa sus raíces, pues dar las gracias es, en buena medida, dar el lugar que le corresponde a todo lo que recibimos cada día, tomándolo de donde viene y colocándolo en el lugar de nuestra vida que mejor le sienta.

 

Cuídate

No son muchos los idiomas actuales en los que se use este imperativo como fórmula de despedida. Pasa en el español de México y de algunos otros países latinoamericanos, también en el inglés de Estados Unidos. Pero más allá de la singularidad, esta partícula verbal es sumamente elocuente, pues es como una síntesis de la importancia que ciertas personas tienen en nuestra vida, una especie de deseo que algo tiene de conjuro mágico para invocar la protección y el cuidado para aquellos a quienes más queremos.

 

¿Me escuchas?

Esta pregunta puede sonar un tanto trivial, e incluso puede ser que en nuestra vida la usemos a cada tanto, por ejemplo, cuando hablamos por teléfono y por un momento creemos que la otra persona al otro lado nos ha perdido, o nosotros mismos caemos en un silencio perturbador. Su significado, sin embargo, es profundo, pues, paradójicamente, escuchar es una de las habilidades menos comunes de nuestro tiempo, tan caracterizado por las comunicaciones. Escuchar a una persona es alcanzar a distinguir el lugar desde el cual nos está hablando, su posición como amigo, padre, pareja, compañero de trabajo, vecino, etc.; la historia que lo llevó al momento en que coincidimos con ella, sus posibilidades y limitaciones. Cuando escuchamos de verdad salimos del encierro de nuestro Yo para compartir un instante con el Otro.

 

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