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Estas son las compañías que deberías boicotear si estás en contra de Trump

Política

Por: pijamasurf - 01/27/2017

Hoy existen diversas iniciativas para contrarrestar la sociopatía del presidente de Estados Unidos; aquí una de ellas

Ante Trump es difícil, tanto como imprescindible, diseñar estrategias. Y mientras diversos países alrededor del mundo están abocados a buscar las posturas más apropiadas frente al hecho de que un egosociópata, hábil e ignorante, lleva hoy las riendas del gobierno estadounidense, la ciudadanía debiera estar inmersa en un ejercicio similar.

Ante la sistemática agresión del empresario convertido en presidente contra México, comenzando por el tema del muro y las amenazas de aranceles, los mexicanos han comenzado a impulsar campañas (por ejemplo a través de la plataforma +DeMX) llamando a fortalecer la economía interna, así como iniciativas para incluso dejar de adquirir productos estadounidenses, privilegiando mexicanos (por ejemplo con el #AdiosStarbucks). 

En el caso de los estadounidenses, hace unos meses se inauguró la iniciativa #GrabYourWallet para boicotear a todas aquellas empresas que apoyaron, en su mayoría como donantes, la llegada de Trump a la Casa Blanca. Entre las acciones implementadas se incluye la difusión de una larga lista de aquellas compañías o marcas que apostaron por el hoy vergonzoso presidente, y no está de más contribuir a que su corresponsabilidad en que el magnate tenga la presidencia les cueste un poco...

A continuación algunos de los amigos de Trump:

Nascar

Forbes

UFC

Universal Studios

Walmart

L. A. Clippers

Hoteles y campos de golf del propio Trump

Home Depot (aunque al parecer el directivo que apoyó monetariamente a Trump ya no está al mando)

Aquí puedes consultar la lista completa (en muchos de los casos se sugiere el boicot de uno o algunos cuantos de los productos de las compañías enlistadas; te recomendamos consultar con calma la lista).

Hannah Arendt: ¿cómo surgen los regímenes totalitarios?

Política

Por: PijamaSurf - 01/27/2017

La filósofa alemana da algunas pistas para comprender cómo se llega al totalitarismo y lo que podemos hacer para evitarlo

En su libro Los orígenes del totalitarismo (1951), la filósofa Hannah Arendt hace un análisis sobre el surgimiento del antisemitismo en Europa central y Europa del Este para disertar sobre los dos movimientos totalitarios más importantes del siglo XX: el nazismo y el estalinismo. Sin embargo, más allá de tratarse de un estudio sobre estas dos pesadillas del siglo pasado, muy a pesar de nuestros deseos, también es una disertación que se mantiene completamente vigente en estos tiempos en que los gobiernos de extrema derecha se posicionan en todo el mundo mientras atravesamos por una alarmante crisis de refugiados, sólo por mencionar algunos elementos del escenario mundial actual.

Aunque para Arendt existen complejas y diversas causas de los regímenes totalitarios, nos centraremos en algunas que describen no al régimen en sí sino a las personas que sin saberlo forman parte de él, es decir, la gente común:

 

El sujeto ideal del dominio totalitario no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino personas para quienes la distinción entre hecho y ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento) ya no existe.

 

Esto es, nos convertimos en el blanco del pensamiento totalitario en el momento en el que aceptamos nuestras creencias como absolutas y perdemos la capacidad de tolerar algo que no se corresponde con ellas. De esta forma, lo que perpetúa los regímenes tiránicos es la narrativa de “ustedes contra nosotros”. Para que esto suceda es necesario generar un ambiente de aislamiento (al menos a nivel ideológico) en el que las personas ya no puedan acceder fácilmente a una forma de pensar distinta de la que es “deseable” y “correcta” para su entorno. Una vez que se ha consolidado el aislamiento, el siguiente paso es la soledad:

 

Si bien el aislamiento sólo concierne al ámbito político de la vida, la soledad concierne a la vida humana en su conjunto. El gobierno totalitario, como todas las tiranías, ciertamente no podría existir sin destruir el ámbito público de la vida, es decir, sin destruir, aislando a los hombres, sus capacidades políticas. Pero la dominación totalitaria como forma de gobierno es nueva, ya que no se contenta con este aislamiento y también destruye la vida privada. Se basa en la soledad, en la experiencia de no pertenecer al mundo en absoluto, que es una de las experiencias más radicales y desesperadas del hombre.

 

En este caso, el término soledad no se refiere a la introspección o a la capacidad de pasar tiempo con uno mismo sino a la sensación de separación frente al mundo, el sentimiento de que no se forma parte de algo más. De acuerdo con Arendt, esto ocurre una vez que se ha aislado al individuo de tal forma que ya no se siente capaz de aportar algo al sistema de pensamiento en el que se encuentra a nivel social. Esto sucedió cuando el nazismo y el estalinismo llegaron a su auge y fue entonces cuando se cometieron los peores crímenes, pues en ese momento ya nadie se sentía capaz de desafiar al sistema.

Es por lo anterior que favorecer la creencia de que vivimos en un melodrama donde hay buenos y malos es una excelente herramienta de control; por algo las narrativas televisivas son así. Y frente a esto, lo que nos queda es la conexión humana, la empatía y el respeto por la diferencia como un verdadero acto de resistencia frente a la opresión.