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Un breve seguimiento de las políticas que han restringido, perseguido y castigado el consumo, siembra e investigación científica de esta planta

Durante años nos han bombardeado con campañas para satanizar esta sustancia o confundirla bajo esa amplia y poco informativa categoría de las drogas. En muchos países latinoamericanos, como México o Colombia, el costo de esta guerra internacional ha sido elevado.

 

El debate sobre sus riesgos, características y beneficios se ha reabierto desde hace algunos años. La comunidad científica ha notado la alarmante falta de estudios sobre la cannabis y sus efectos en nuestro cuerpo, además de las desaprovechadas aplicaciones industriales que se podrían desarrollar con ella.

De acuerdo con el observatorio global de políticas para las drogas, la cannabis (marihuana, ganja, mota, hierba, etc.) es la sustancia ilícita más consumida en todo el mundo y se planta en prácticamente todos los países. En el Informe Mundial sobre las Drogas 2013 se estimó que 180,6 millones de personas, entre los 15 y 64 años, la consumen, es decir el 3.9% de la población global.

 

 

Su uso, recreativo, religioso, medicinal e industrial, se remonta a los principios de la civilización. Aunque pertenece originalmente al Asia central y la India, se propagó rápidamente por todo el mundo.

La historia de su prohibición está íntimamente relacionada con la política estadounidense y es reciente. En 1906 se firmó la ley federal de comida y drogas, el primero de muchos actos legislativos que, junto a una constante campaña de criminalización de la sustancia basada en su asociación a diversas enfermedades, terminarían por empujarla poco a poco al terreno de lo prohibido.

Prohibir sustancias luego de asociarlas a grupos de migrantes demostró ser la manera más efectiva para inclinar la opinión pública a favor del gobierno federal. Así sucedió ese mismo año al prohibir el opio, típicamente relacionado con los chinos.

 

Harry J. Anslinger

 

Para 1930, la institución creada para cubrir la necesidad de control sobre el consumo cambia su nombre a FDA (Food and Drug Administration). Harry J. Anslinger, un implacable persecutor de los traficantes de alcohol durante la época de la prohibición, pasaría las siguientes 3 décadas persiguiendo enloquecidamente a la planta, difundiendo información falsa sobre sus efectos y posibles consecuencias de uso. De acuerdo con él, un carrujo podía volverte un filósofo o un asesino.

En diversos medios de comunicación estas ideas fueron repetidas hasta el cansancio. Baste recordar la terrible película de 1936, Reefer Madness, o la vasta maquinaria propagandística de Randolph Hearst, dueño de 30 periódicos a lo largo y ancho de EEUU (e inmortalizado por Orson Welles en Citizen Kane), que mediante el periodismo amarillista e información inventada contribuyó a la persecución cannábica.

 

 

Hearst contribuyó con Aslinger para falsear noticias y transformarlas en montajes que construyeron una imagen heroica del segundo. Prácticamente a él (y a Joseph Pulitzer) se debe el termino amarillismo. Junto a muchos otros magnates, Hearst se involucró en la batalla contra el cáñamo para abrirse paso entre su competencia; la industria farmacológica, química, papelera y textil unieron fuerzas para ganar terreno.

 

 

La gran depresión contribuyó a que un sentimiento antiinmigratorio se acentuara ante la amenaza de la mano de obra barata mexicana en un panorama desolador. Las historias de Hearst apuntalaron este sentimiento: la marihuana provoca sed de sangre, le da fuerza sobrehumana a los negros para violar blancas.

O esta “inspiradora” cita del propio Anslinger:

La mayoría de los fumadores de marihuana son gente de color, músicos de jazz y artistas. Su música satánica es inspirada por la marihuana. Cuando las mujeres blancas fuman marihuana comienzan a buscar relaciones sexuales con negros, artistas y otros. Es una droga que causa locura, comportamiento criminal y muerte – la droga que ha causado más violencia en la historia de la humanidad.

 

Para 1937 lograrían aprobar un impuesto sobre productos hechos con cáñamo, además los cargos por posesión y consumo eran severos, cosa que no cambio durante décadas. En 1961 se celebró la Convención Única sobre Estupefacientes, un foro internacional sobre control de drogas en la ONU. Se votó a favor de la prohibición total de la marihuana con usos médicos o científicos.

Desde sus principios racistas hasta sus fines industriales la prohibición de la marihuana fue fiel reflejo de las relaciones entre países colonizadores y colonizados, mientras que el uso de fármacos se regulaba, el uso de plantas asociadas a la medicina nativa se prohibía.

Para 1971 la Convención sobre Sustancias Psicotrópicas clasifica la principal sustancia activa de la marihuana, el tetrahidrocannabinol, dentro de las listas de clasificación de sustancias I (escaso o nulo valor terapéutico, amenaza especialmente grave a la salud pública) y IV (alto valor terapéutico, amenaza menor). Rápidamente los resultados legislativos de la convención serían ratificados por varias potencias y terminarían por delimitar los criterios de penalización en más de 180 países.

Luego del brutal fracaso de todas las iniciativas internacionales en su participación en la llamada guerra contra las drogas, muchos países y estados al interior de EEUU han dado paso atrás a las ridículas restricciones impuestas a una planta noble, mucho mas inofensiva que el alcohol o el tabaco, y cuya “sobredosis”, por mucho, te manda a dormir.

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Médico británico denuncia censura gubernamental para la investigación del LSD

Psiconáutica

Por: - 11/30/2016

La prohibición para investigar clínicamente psicodélicos como el LSD, la psilocibina o la cannabis es la peor forma de censura a la investigación científica, según el profesor David Nutt

Imagen: Jonathan Greet, 2015

David Nutt es un notorio investigador inglés de las sustancias enteógenas: saltó a la fama hace unos años cuando era consejero de la oficina de adicciones del Reino Unido por afirmar que en realidad no todas las drogas eran dañinas, y que incluso muchas de ellas, como el LSD, la psilocibina o la cannabis, tenían importantes potenciales terapéuticos.

Desde el Imperial College de Londres, el profesor Nutt ha hecho importantes contribuciones a la investigación sobre psicodélicos, como aquella sobre el potencial de la psilocibina (hongos mágicos) para tratar la depresión crónica

En una conferencia en la Breaking Convention, Nutt declaró que negarse a investigar el potencial de los psicodélicos para la medicina es una cruel forma de censura ejercida desde el gobierno.

Los políticos tienen este miedo peculiar al LSD. Albert Hoffman [el primero en sintetizar la sustancia en 1938] dijo que el LSD era ‘su niño problema’. No hay duda de que aún es un niño problema para muchos políticos, por razones históricas, basadas en la ignorancia y la desinformación.

La opinión pública asocia el LSD y otros psicodélicos a la contracultura hippie de los años 60, en un marco de desinformación que la propaganda de la guerra contra las drogas ha extendido. Sin embargo, nunca nos ponemos a pensar que el LSD no es diferente que la penicilina, en el sentido de que es una sustancia que produce efectos positivos en el cuerpo si se administra correctamente. El LSD, de permitirse su investigación abierta y responsable por parte del gobierno, podría ser para las enfermedades mentales lo que la penicilina para las infecciones:

Una de las cosas interesantes sobre los psicodélicos es que generan una enorme simpatía en el público general, particularmente en cuanto medicinas. Mucha gente está muy molesta de que se hayan prohibido al público como medicina por más de 50 años. Mi propia opinión es que ésta es la peor censura a la medicina y a la investigación clínica en la historia del mundo. Si realmente quieres usarlos como medicina, es importante tener una fuerte base científica de fondo.

Junto a su equipo de la Fundación Beckley, Nutt ha realizado al menos tres importantes estudios sobre los efectos de la psilocibina en el cerebro, además de la manera en que el LSD reestructura las conexiones neuronales, lo que podría ser un salto cuántico en el tratamiento de la depresión de lograr rebasar la censura gubernamental. Y afirma:

El mundo necesita despertar al potencial de drogas como el LSD y la psilocibina, y también la cannabis. Estas drogas tienen un enorme potencial. Cada día que pasa en que estas drogas siguen siendo ilegales, los pacientes sufren; los pacientes cometen suicidio porque no están siendo tratados de su depresión o su dolor. Así que se trata de una prioridad para la medicina en todo el mundo cambiar estas leyes.