*

X

La profecía de Einstein está completa: por primera vez se registra la existencia de ondas gravitacionales

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/11/2016

100 años después de que Einstein diera a conocer su teoría de la relatividad, científicos confirman una de sus predicciones más interesantes: que la gravedad es producto de la aceleración de cuerpos con masa en el espacio-tiempo

Este jueves 11 de febrero es un día histórico para la ciencia y, específicamente, para la física. 100 años después de que Albert Einstein predijera a través de su teoría de la relatividad la existencia de ondas gravitacionales como consecuencia de la aceleración de objetos con una masa específica en el espacio-tiempo, finalmente un grupo de científicos pudo confirmar la veracidad de estas vibraciones primigenias en la colisión de dos agujeros negros situados a más de mil millones de años luz de distancia de la Tierra.

El hallazgo corrió a cargo de un gran equipo de físicos trabajando conjuntamente con el Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory (LIGO), institución científica dividida en dos instalaciones ubicadas en Washington y Luisiana, Estados Unidos, en donde un par de antenas en forma de L recibieron una vibración de 50 veces más energía que todas las estrellas del universo juntas.

Al escuchar esta vibración, los científicos observaron que provenía de un par de agujeros negros a mil 300 millones de años luz que giraban y se acercaban entre sí a una enorme velocidad hasta que colisionaron, provocando una enorme explosión. De este choque surgieron ondas gravitacionales que llegaron hasta nuestro planeta y las cuales pudieron registrarse gracias a una adecuada calibración de instrumentos, con lo cual se encontró evidencia factible para las predicciones teóricas de Einstein.

El descubrimiento, por otro lado, también tiene una alta dosis de poesía natural, pues además de que implica ver lo que no vemos pero que siempre ha estado ahí, se trata de una constatación de existencia de uno de los niveles más profundos de la realidad.

 

También en Pijama Surf: 10 cosas que no sabías sobre la fuerza de gravedad

Polémica medida del Ministerio de Educación japonés busca eliminar ciencias sociales y humanidades para responder a necesidades puntuales de la sociedad

En la genial película de Jean Luc Godard, Alphaville, una sociedad tecnócrata ha abolido todas las artes, persigue a los poetas e incluso ha llegado a editar el lenguaje, aboliendo palabras que expresan emociones como el amor. Se trata de una especie de Matrix low-fi, gobernada por los algoritmos, por la exactitud de la ciencia y por la visión hiperutilitaria y deshumanizada que Godard ya apreciaba en el modelo económico industrial. No puedo dejar de ver un viso de esta distopía en las medidas tomadas por el Ministerio de Educación en Japón, que recientemente ha ordenado a diversas universidades la clausura de las humanidades y las ciencias sociales, con el fin de "servir a áreas que mejor responden a la necesidades de la sociedad". Aparentemente el gobierno japonés cree que la sociedad solamente necesita crear máquinas y ganar dinero. 

Según informa el sitio Times Higher Education, de las 60 universidades nacionales que ofrecen cursos en estas disciplinas, 26 habían confirmado que cerrarían estas facultades o que disminuirían la presencia de las humanidades y las ciencias sociales. Algunas universidades como la de Tokio y la de Kioto se han negado a cumplir con esta petición gubernamental. Actualmente la medida se encuentra enfrascada en una  ola de protestas que han detenido la implementación de esta intención ejecutiva. 

El gobierno japonés ha defendido su propuesta, la cual ha sido calificada de un regreso al militarismo, diciendo que es parte de un plan de austeridad general, teniendo en cuenta que muchas instituciones están operando a la mitad de su capacidad. Sin embargo, la medida claramente parece estar alineada con el llamado del primer ministro Shinzo Abe a proveer "una vocación educativa más práctica que anticipe las necesidades de la sociedad". Evidentemente, se cree que las humanidades y las ciencias sociales son prescindibles y no así las carreras científico-técnicas. 

Aunque no en el mismo tenor casi dictatorial, esta situación también existe en las universidades en países occidentales. El profesor Terry Eagleton hace unos meses denunciaba los efectos de la mentalidad neoliberal que había colmado las universidades británicas, haciendo que éstas operen como grandes corporaciones. Eagleton explicaba que "el modelo económico dominante está ligado a una política tecnócrata", y por lo tanto "las humanidades son las que más están siendo orilladas". Se distribuyen fondos y becas en las universidades para la ciencia, la medicina y la ingeniería, pero "se ha dejado de entregar recursos significativos a las artes. No es disparatado cuestionarse si departamentos enteros de humanidades desaparecerán en los años siguientes. Si los departamentos de inglés sobreviven, tal vez sea sólo para enseñarles a los estudiantes de administración de empresas cómo usar el punto y coma", dice irónicamente Eagleton (dando una pista de algo que también podríamos perder: el humor crítico del humanista). 

En esta tendencia puede verse cómo el dogmatismo del paradigma científico y de la vida humana sometida a los imperativos de la economía se vuelve una especie de policía del pensamiento, una intolerancia al aspecto cualitativo de la realidad, el cual se quiere someter al yugo exacto de la cantidad y el usufructo. Se defiende a la ciencia como una forma de conocimiento superior, que trasciende la opinión y la emotividad del arte, creando un frío reino llamado a conquistar la naturaleza (y en el curso de encontrar sus secretos, saquearla). Si esta ideología germina y se cataliza en otros lugares podríamos estar asistiendo a los albores de una de las pesadillas de Philip K. Dick, un mundo tecnototalitario, de una visión única que excluye toda diversidad de opinión, encaramado en un fanatismo secular: seguros avanzando hacia el crecimiento infinito de la economía y al anquilosamiento del alma, una vida precisa y predecible, mas sin significado.  

 

Twitter del autor: @alepholo